Una pregunta típica en un día normal:
- Dígame, ¿qué servicios permite usar el carnet de biblioteca?
- Pues le permite acceder al préstamo...
- ¡¡No!! ¡Yo no vengo a pedir dinero!
Por mucho que esté atento a las noticias, veo el problema de las hipotecas ha entrado en una nueva fase que no conocía: la paranoia.
martes, 5 de abril de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
El tabaco afecta a la ortografía
domingo, 13 de febrero de 2011
Exposición escéptica
En las bibliotecas públicas estamos contínuamente exponiendo documentos. Por exponer entendemos destacar un conjunto de libros, pelis, música, etc., habitualmente acompañado de un cartel alusivo y una guía sobre el tema. Las exposiciones pueden ser temáticas, para mostrar el fondo que tenemos sobre algo en concreto, sobre la obra de un autor, etc.
En nuestra biblioteca, por ejemplo, intentamos tener siempre activa una exposición temática con fondo de adultos y otra con fondo infantil, cambiándolas cada mes. Y esta semana, por fin, he conseguido un objetivo largamente deseado: ofrecer a mis usuarios una exposición de libros sobre escepticismo, ateísmo y pensamiento crítico.

No es que en la biblioteca pública no haya material de este tema; lo hay, pero desperdigado por el fondo, a veces parece que algo oculto y no siempre fácil de recuperar en conjunto, por lo que creía necesaria una exposición orientativa sobre el tema.

Me hubiese gustado llevarla a cabo mucho antes, pero como biblioteca de nueva creación, al principio no teníamos los volúmenes que me hubiese gustado ofrecer. Ahora, tras más de un año de ocuparme del departamento de compras, he podido reunir poco a poco una colección de títulos que diría que son básicos para conocer y comprender el tema. Lo mejor de esta exposición es que algunos títulos sólo están en nuestra biblioteca (al menos, en nuestra red). Somos pioneros en poner a disposición de los usuarios libros como éste o éste, y sólo por eso ya ha valido la pena.
Pueden descargar la breve guía que acompaña la exposición de éste enlace (en catalán). La exposición permanecerá en la biblioteca hasta el 15 de marzo de 2011 (¡o hasta que se hayan llevado en préstamo todos los ejemplares, si quieren!)
En nuestra biblioteca, por ejemplo, intentamos tener siempre activa una exposición temática con fondo de adultos y otra con fondo infantil, cambiándolas cada mes. Y esta semana, por fin, he conseguido un objetivo largamente deseado: ofrecer a mis usuarios una exposición de libros sobre escepticismo, ateísmo y pensamiento crítico.

No es que en la biblioteca pública no haya material de este tema; lo hay, pero desperdigado por el fondo, a veces parece que algo oculto y no siempre fácil de recuperar en conjunto, por lo que creía necesaria una exposición orientativa sobre el tema.

Me hubiese gustado llevarla a cabo mucho antes, pero como biblioteca de nueva creación, al principio no teníamos los volúmenes que me hubiese gustado ofrecer. Ahora, tras más de un año de ocuparme del departamento de compras, he podido reunir poco a poco una colección de títulos que diría que son básicos para conocer y comprender el tema. Lo mejor de esta exposición es que algunos títulos sólo están en nuestra biblioteca (al menos, en nuestra red). Somos pioneros en poner a disposición de los usuarios libros como éste o éste, y sólo por eso ya ha valido la pena.
Pueden descargar la breve guía que acompaña la exposición de éste enlace (en catalán). La exposición permanecerá en la biblioteca hasta el 15 de marzo de 2011 (¡o hasta que se hayan llevado en préstamo todos los ejemplares, si quieren!)
sábado, 1 de enero de 2011
Donaciones con bicho
Lo primero, los buenos deseos, que ésta es la primera entrada de 2011: ¡Feliz Año Nuevo! Aunque lea esto en diciembre, igualmente le deseo que lo pase lo mejor posible, le quede lo que quede de los 365 días.
Aunque hoy es festivo y no estoy trabajando, no puedo dejar pasar algo que me ocurrió ayer. Existe una figura de usuario que se dedica, el último día del año, a hacer limpieza de estanterías y cajones, y acercarse con los juguetes a donde pueda donarlos, a tirar papeles y facturas, y a llevar los libros a la biblioteca para ver si los queremos. Ayer vino uno de éstos.
Ya he comentado alguna vez las restrictivas normas de las bibliotecas públicas respecto a las donaciones: únicamente aceptamos aquello que tiene que ver con nuestra especialización, o con la colección local (sin perjuicio de examinar lo que nos ofrecen, que a veces hay libros nuevos de verdad). Esto no evita que, de tanto en tanto, si un usuario quiere regalarte algo te lo suelte encima del mostrador o lo deje en el buzón de devoluciones, a traición y con alevosía.
Imaginen que se les acerca un caballero con una mochila muy pesada, que abre y de la que rápidamente saca puñados de libros que te va apilando delante, a la vez que te comenta que a ver si los quieres, que si no los tiene que tirar, etc. Esta escena la he vivido más de una vez, pero nunca como ayer: al primer puñado de libros (algunos de los años '70 del siglo XX), una pequeña arañita (sí, esta entrada también va de ellas), trató de escapar de debajo de la pila, supongo que gritando para sí algo como "¡libre, libreeee!", con tan mala fortuna que el siguiente puñado de libros le atrapa una pata y la inmoviliza delante de mí. Sé que el usuario iba hablando y me decía algo, pero yo no podía apartar la mirada del pobre bicho y de sus inútiles esfuerzos para sacar la pata que tenía bajo una enciclopedia de mitología para niños. Me debatía entre comentarle al usuario si el arácnido venía incluído en la donación o era un habitante desplazado de su mochila, pero al final me pudo la compasión (¿o el asco?), y mientras el usuario seguía comentándome las excelencias de lo que quería regalar, me deshice del bicho más o menos disimuladamente con la ayuda de un papelito.
Así que ya saben: si van a donar libros (o a intentarlo), por lo menos, que vengan lo más solos posibles. ¡Gracias!
Aunque hoy es festivo y no estoy trabajando, no puedo dejar pasar algo que me ocurrió ayer. Existe una figura de usuario que se dedica, el último día del año, a hacer limpieza de estanterías y cajones, y acercarse con los juguetes a donde pueda donarlos, a tirar papeles y facturas, y a llevar los libros a la biblioteca para ver si los queremos. Ayer vino uno de éstos.
Ya he comentado alguna vez las restrictivas normas de las bibliotecas públicas respecto a las donaciones: únicamente aceptamos aquello que tiene que ver con nuestra especialización, o con la colección local (sin perjuicio de examinar lo que nos ofrecen, que a veces hay libros nuevos de verdad). Esto no evita que, de tanto en tanto, si un usuario quiere regalarte algo te lo suelte encima del mostrador o lo deje en el buzón de devoluciones, a traición y con alevosía.
Imaginen que se les acerca un caballero con una mochila muy pesada, que abre y de la que rápidamente saca puñados de libros que te va apilando delante, a la vez que te comenta que a ver si los quieres, que si no los tiene que tirar, etc. Esta escena la he vivido más de una vez, pero nunca como ayer: al primer puñado de libros (algunos de los años '70 del siglo XX), una pequeña arañita (sí, esta entrada también va de ellas), trató de escapar de debajo de la pila, supongo que gritando para sí algo como "¡libre, libreeee!", con tan mala fortuna que el siguiente puñado de libros le atrapa una pata y la inmoviliza delante de mí. Sé que el usuario iba hablando y me decía algo, pero yo no podía apartar la mirada del pobre bicho y de sus inútiles esfuerzos para sacar la pata que tenía bajo una enciclopedia de mitología para niños. Me debatía entre comentarle al usuario si el arácnido venía incluído en la donación o era un habitante desplazado de su mochila, pero al final me pudo la compasión (¿o el asco?), y mientras el usuario seguía comentándome las excelencias de lo que quería regalar, me deshice del bicho más o menos disimuladamente con la ayuda de un papelito.
Así que ya saben: si van a donar libros (o a intentarlo), por lo menos, que vengan lo más solos posibles. ¡Gracias!
jueves, 9 de diciembre de 2010
Puntos muy íntimos
Ya hablé en cierta ocasión de los puntos improvisados que nos encontramos a veces en el interior de los libros. Si el usuario pierde o no tiene a mano el que damos siempre con los préstamos, usa lo más parecido que encuentra.
Hasta ahora pensaba que, a nivel de intimidad física, ganaba por goleada el compañero que me contaba que odiaba encontrarse hojas de papel higiénico como puntos, más que nada por el hecho de delatar el lugar de la lectura. Pero me parece que, si ahora no gano yo la partida, por lo menos he logrado empatar con dignidad. Juzguen ustedes mismos...
Hasta ahora pensaba que, a nivel de intimidad física, ganaba por goleada el compañero que me contaba que odiaba encontrarse hojas de papel higiénico como puntos, más que nada por el hecho de delatar el lugar de la lectura. Pero me parece que, si ahora no gano yo la partida, por lo menos he logrado empatar con dignidad. Juzguen ustedes mismos...
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Portátil completito
Situación de lo más normal: llega un usuario y solicita obtener el carnet de la biblioteca. Tras introducir los datos y explicarle cómo funciona el préstamo, le cuento cómo conectarse a Internet. Tras saber cómo usar los ordenadores de la biblioteca, el usuario se gira y me señala a la gente que está con el suyo propio, conectada a la red inalámbrica.
-¿Además de los vuestros, la gente puede usar el ordenador de uno?
- Sí, si tiene un portátil puede traerlo y permanecer conectado el tiempo que necesite.
- Ah, pues entonces traeré el mío, que tiene pantalla y todo.
Así me gustan los portátiles, con todos los extras.
-¿Además de los vuestros, la gente puede usar el ordenador de uno?
- Sí, si tiene un portátil puede traerlo y permanecer conectado el tiempo que necesite.
- Ah, pues entonces traeré el mío, que tiene pantalla y todo.
Así me gustan los portátiles, con todos los extras.
martes, 19 de octubre de 2010
Buzones de devolución, esa fuente de anécdotas
Una parte esencial del servicio de biblioteca pública en Barcelona es la posibilidad que tiene el usuario de devolver documentos incluso cuando la biblioteca se halla cerrada. Esto funciona mediante buzones de devolución 24 horas, en las que se introducen los documentos que luego el personal de biblioteca recogerá en la siguiente ocasión en que se abra el centro. Posibilita no tener que desplazarse en un horario concreto ni hacer cola para. sólo, devolver un par de libros y un CD.
Los buzones de devolución, como boca que está abierta al mundo en general, tienen todo un mundo de anécdotas y posibilidades. Por ejemplo, es muy habitual que los usuarios lo usen como ventanilla de donativos. Nos dejan los libros que no quieren y que, seguramente, creen que podrían estar en la biblioteca. Nos hemos encontrado libros de los años 60 y 70 con las páginas completamente amarillas, muy destrozados y, en cambio, auténticas perlas como novelas tan nuevas que aún no tiene ninguna biblioteca. No vamos a hablar hoy de líquidos, sólidos ni marranadas varias, que también las hay.
Pero me veo obligado a insistir en que, por mucho que sea un buzón que está en plena calle, es sólo para depositar material de la biblioteca. En este caso lo digo por lo que se encontraron mis compañeras junto al buzón cuando abrieron este pasado sábado:



Entre este pobre bicho y la fauna habitual, más algún otro ser vivo del que ya les hablaré, estamos realmente entretenidos. En serio, hay mejores lugares donde dejar un pobre patito...
Los buzones de devolución, como boca que está abierta al mundo en general, tienen todo un mundo de anécdotas y posibilidades. Por ejemplo, es muy habitual que los usuarios lo usen como ventanilla de donativos. Nos dejan los libros que no quieren y que, seguramente, creen que podrían estar en la biblioteca. Nos hemos encontrado libros de los años 60 y 70 con las páginas completamente amarillas, muy destrozados y, en cambio, auténticas perlas como novelas tan nuevas que aún no tiene ninguna biblioteca. No vamos a hablar hoy de líquidos, sólidos ni marranadas varias, que también las hay.
Pero me veo obligado a insistir en que, por mucho que sea un buzón que está en plena calle, es sólo para depositar material de la biblioteca. En este caso lo digo por lo que se encontraron mis compañeras junto al buzón cuando abrieron este pasado sábado:



Entre este pobre bicho y la fauna habitual, más algún otro ser vivo del que ya les hablaré, estamos realmente entretenidos. En serio, hay mejores lugares donde dejar un pobre patito...
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