Una de mis compañeras sube tranquilamente a la sala de novela al inicio de la jornada. Es primera hora de la tarde, no ha entrado aún casi nadie y fuera el sol ha vaciado las calles. Su sorpresa, y susto, de hecho, es encontrarse a un ¿usuario? sentado en su silla, tras el mostrador de la planta y, aparentemente dormido. Y digo aparentemente porque sus intentos de despertarle cayeron al principio, me contaba, en saco roto. Vamos, que estaba como un tronco o había viajado al otro barrio. Ya un poco nerviosa, mi compañera gritó, algo que no hacemos precisamente por estos lugares, y entonces sí, la persona se dignó a abrir los ojos.
- Disculpe, pero en la biblioteca no se puede dormir. Además, esta silla es nuestra, de trabajo. ¿Qué hace aquí?
- Uy, perdón. Es que estaba esperando para el curso que hacen después, y como he visto que esta silla parecía más cómoda que las otras...
No, si al final nos tendremos que poner sillones de tortura, o chinchetas, como mínimo. ¿Y que la silla estuviese detrás de un mostrador en el que pone "Información" no dice nada, verdad? Ah no, claro, que los usuarios no leen, casi lo olvido.
martes 23 de junio de 2009
viernes 12 de junio de 2009
Vamos a tener un accidente...
El verano ya está aquí. Vale, astronómicamente faltan unos días, pero el calor ya no nos lo quitamos. La ropa sí, y de eso va la entrada hoy. Justo delante de la biblioteca hay un edificio, una vivienda, con una terraza inmensa. Los ocupantes de los pisos han puesto unas cuantas tumbonas, y disponen de un solárium gratuito y muy majo. Y como la calle es estrecha, lo tenemos pegadito, y justo a la altura de la sala de adultos.
Ayer a primera hora de la tarde, un usuario que salía de la sala se quedó extasiado con las vistas. En este caso, tres señoras con bañadores muy breves y con falta de piezas. Su único movimiento fue acercarse, centímetro a centímetro a la ventana, a la vez que, mecánicamente, pulsaba el botón del ascensor. Éste llegó, se abrió la puerta, esperó, la cerró y se fue. Y el usuario seguía allí. Se dio cuenta al cabo de poco que había perdido el ascensor, y bajó por la escalera.
No pude evitar preguntarme qué sucedería si el siguiente usuario mirara hacia la ventana antes de llegar a la puerta (de cristal), y se la comiera con patatas... De momento, me conformo con que no ha sucedido.
Ayer a primera hora de la tarde, un usuario que salía de la sala se quedó extasiado con las vistas. En este caso, tres señoras con bañadores muy breves y con falta de piezas. Su único movimiento fue acercarse, centímetro a centímetro a la ventana, a la vez que, mecánicamente, pulsaba el botón del ascensor. Éste llegó, se abrió la puerta, esperó, la cerró y se fue. Y el usuario seguía allí. Se dio cuenta al cabo de poco que había perdido el ascensor, y bajó por la escalera.
No pude evitar preguntarme qué sucedería si el siguiente usuario mirara hacia la ventana antes de llegar a la puerta (de cristal), y se la comiera con patatas... De momento, me conformo con que no ha sucedido.
jueves 11 de junio de 2009
Momentitos
17:30 de la tarde. Hora punta en la sala de adultos. No hay ni una silla libre desde hace 45 minutos y ya me he encontrado gente sentada en el suelo. Es época de exámenes y tenemos poco sitio y mucho aire acondicionado. El sol, fuera, promete un verano calentito. Y dentro, se va la luz. De hecho, se corta la energía de buena parte del distrito. Una llamada a la compañía eléctrica no augura nada bueno: tienen localizada la avería, pero repararla no llevará menos de 90 minutos.
Lo malo de los tiempos que vivimos es que, sin luz, retrocedemos 100 años. En un momento nos hemos quedado sin iluminación, sin aire acondicionado (menos mal que he podido abrir ventanas), sin ordenadores de consulta, de trabajo, de Internet, sin WiFi... La sala de adultos se vacía en muy poco tiempo, y sólo quedan unos pocos estudiantes con apuntes y algún usuario con portátil que no debe necesitar conexión a Internet. Abajo, mis compañeras no dejan entrar más usuarios, ya que poco pueden hacer arriba y, además, estamos sin ascensor y la escalera está a oscuras.
Pero un señor muy decidido opina que las restricciones no son para él. Entrando en la biblioteca, cuando se le dice que estamos sin luz, nos comenta lo siguiente:
- Sólo quería conectarme un momento a Internet, para mirar el correo.
- No, verá, es que estamos sin luz, no hay ordenadores.
- ¡Pero es que sólo es un momentito!
...
- Me sabe mal, en serio, pero es que no hay corriente eléctrica, no funciona nada.
...
...
...
- Pero de verdad que sólo es un momentito... :_(
Lo malo de los tiempos que vivimos es que, sin luz, retrocedemos 100 años. En un momento nos hemos quedado sin iluminación, sin aire acondicionado (menos mal que he podido abrir ventanas), sin ordenadores de consulta, de trabajo, de Internet, sin WiFi... La sala de adultos se vacía en muy poco tiempo, y sólo quedan unos pocos estudiantes con apuntes y algún usuario con portátil que no debe necesitar conexión a Internet. Abajo, mis compañeras no dejan entrar más usuarios, ya que poco pueden hacer arriba y, además, estamos sin ascensor y la escalera está a oscuras.
Pero un señor muy decidido opina que las restricciones no son para él. Entrando en la biblioteca, cuando se le dice que estamos sin luz, nos comenta lo siguiente:
- Sólo quería conectarme un momento a Internet, para mirar el correo.
- No, verá, es que estamos sin luz, no hay ordenadores.
- ¡Pero es que sólo es un momentito!
...
- Me sabe mal, en serio, pero es que no hay corriente eléctrica, no funciona nada.
...
...
...
- Pero de verdad que sólo es un momentito... :_(
domingo 10 de mayo de 2009
Gritos en el dungeon
Esta entrada se ha trasladado a un nuevo blog, dedicado al tema: Reciclaje rolero
sábado 25 de abril de 2009
¿Y si me cambio de ordenador?
En la biblioteca en la que trabajo ahora, usamos un sistema rígido de reservas para usar Internet. Se trata del modelo que se irá implantando en toda Barcelona y que cambia bastantes cosas con respecto al mal uso que se le da al de ahora, por parte de mis queridos usuarios.
Me explico: con el sistema, digamos, tradicional, el usuario pasa por el mostrador o el ordenador de reservas, se le dice si quedan ordenadores o no y se apunta. El ordenador está continuamente en funcionamiento, así que si se pasa 5 minutos de su turno, sólo se da cuenta el siguiente usuario, si hay uno. Con el sistema nuevo, el ordenador se desconecta solo a la hora convenida, sólo deja entrar a quien hizo la reserva, etc. El sistema no es perfecto, pero funciona en el sentido de permitir menos abusos. Curiosamente, los únicos que se quejan de este cambio de sistema son los usuarios “con morro”. Ya me entienden. Porque una vez se habitúa uno al cambio, lo cierto es que es más sencillo aún gestionarse el tiempo de Internet.
Una de las características principales del nuevo sistema, además, es que se basa en sesiones rígidas de una hora, y no permite repetir sesión en el mismo terminal, lo que evita que alguien programe 5 sesiones seguidas, pongamos, y acapare toda la tarde el PC. El efecto concreto que deseamos evitar es que, a primero de mes, cuando el carné del usuario está repletito de sesiones, las use todas en cuatro días. O sea, que la primera semana, sólo tendríamos a los mismos, sin que pudiese usar el servicio nadie más, Créanme, lo he visto...
La contrapartida a esto que les cuento, es que se pueden realizar sesiones seguidas cambiando de ordenador. Y ahora, para tratar de disculparme por la parrafada, les cuento lo sucedido hace pocos minutos. Un usuario llega un poco tarde y se suma a una sesión de una hora, pero de la que podrá aprovechar menos minutos. El sistema, amablemente, le advierte cuando queda poco que dentro de cinco minutos acabará su tiempo. Se gira y me pregunta: “¿Puedo seguir un rato más?” Y yo le cuento parte de lo que les he soltado, sobre el sistema de sesiones. Me pregunta si se puede cambiar de ordenador y le informo que están todos reservados.
- ¿Y esos de allí?
- ¿Dónde dice? – me estaba señalando hacia una zona dónde sólo hay mesas, puntos de lectura.
- Sí, esos de las mesas. Me pongo en uno, ¿eh?
¿Eh? Pues va a ser que no... porque eso son portátiles de los usuarios conectados a WiFi, y como trate de sacar a alguien de su propio ordenador la liamos. Le he parado a tiempo, pero ya iba para allá...
Me explico: con el sistema, digamos, tradicional, el usuario pasa por el mostrador o el ordenador de reservas, se le dice si quedan ordenadores o no y se apunta. El ordenador está continuamente en funcionamiento, así que si se pasa 5 minutos de su turno, sólo se da cuenta el siguiente usuario, si hay uno. Con el sistema nuevo, el ordenador se desconecta solo a la hora convenida, sólo deja entrar a quien hizo la reserva, etc. El sistema no es perfecto, pero funciona en el sentido de permitir menos abusos. Curiosamente, los únicos que se quejan de este cambio de sistema son los usuarios “con morro”. Ya me entienden. Porque una vez se habitúa uno al cambio, lo cierto es que es más sencillo aún gestionarse el tiempo de Internet.
Una de las características principales del nuevo sistema, además, es que se basa en sesiones rígidas de una hora, y no permite repetir sesión en el mismo terminal, lo que evita que alguien programe 5 sesiones seguidas, pongamos, y acapare toda la tarde el PC. El efecto concreto que deseamos evitar es que, a primero de mes, cuando el carné del usuario está repletito de sesiones, las use todas en cuatro días. O sea, que la primera semana, sólo tendríamos a los mismos, sin que pudiese usar el servicio nadie más, Créanme, lo he visto...
La contrapartida a esto que les cuento, es que se pueden realizar sesiones seguidas cambiando de ordenador. Y ahora, para tratar de disculparme por la parrafada, les cuento lo sucedido hace pocos minutos. Un usuario llega un poco tarde y se suma a una sesión de una hora, pero de la que podrá aprovechar menos minutos. El sistema, amablemente, le advierte cuando queda poco que dentro de cinco minutos acabará su tiempo. Se gira y me pregunta: “¿Puedo seguir un rato más?” Y yo le cuento parte de lo que les he soltado, sobre el sistema de sesiones. Me pregunta si se puede cambiar de ordenador y le informo que están todos reservados.
- ¿Y esos de allí?
- ¿Dónde dice? – me estaba señalando hacia una zona dónde sólo hay mesas, puntos de lectura.
- Sí, esos de las mesas. Me pongo en uno, ¿eh?
¿Eh? Pues va a ser que no... porque eso son portátiles de los usuarios conectados a WiFi, y como trate de sacar a alguien de su propio ordenador la liamos. Le he parado a tiempo, pero ya iba para allá...
viernes 24 de abril de 2009
The One
¡Uno! ¡Un solo usuario está delante de un libro en TODA la sala!
El resto está frente a su portátil o los PC de la biblio... eso sí, leyendo también.
El resto está frente a su portátil o los PC de la biblio... eso sí, leyendo también.
jueves 19 de marzo de 2009
Las Linces
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