viernes, 12 de agosto de 2011

¡Camarero, una copa de todo lo que tenga!

Primera hora de la tarde. Una usuaria con muchos años pero poca experiencia con bibliotecas entra por la puerta y saluda.

- Perdona, ¿tienes un listado de todo lo que hay aquí?


En serio, hay maneras más suaves para pedir un acceso al catálogo que no predispongan a la angina de pecho.

Por cierto, la mortadeliana frase del título es la mejor manera de expresar cómo se siente uno ante estas preguntas.

lunes, 20 de junio de 2011

Caridad cristiana

El bibliotecario pasa una de sus primeras tardes solo ante el peligro. Hace poco que ha cambiado de destino y está en una biblioteca que, aunque pública, conserva un importante patrimonio documental. Es consultable, pero las medidas de seguridad son exigentes. No se puede entrar con bolsas, ni siquiera con carpetas si no son transparentes. Normalmente no hay problemas. Muchos de los usuarios son habituales de la casa, conocen las normas y las cumplen de manera automática.

A media, tarde, el timbre del teléfono resuena en el mostrador. En la pantalla aparece que la llamada es desde la recepción. El jefe de seguridad le avisa que sube una usuaria que no ha querido dejar una carpeta. Y no han podido pararla.
"No han podido pararla...", piensa el bibliotecario. "¿Tan fuertemente armada está? ¿Quién narices estaba a punto de aparecer por la puerta, una levantadora de pesas ucraniana?"
Nada más lejos de la realidad. El gruñido de la pesada puerta de entrada precede una señora mayor, de pelo plateado, bajita y enjuta. Eso sí, con cara de muy mala leche tras sus gruesas gafas. Más tarde, el bibliotecario se enterará de que es monja, aunque no lleve hábito, que tiene 84 años, y que es una vieja conocida de la casa.

El teléfono vuelve a sonar:
-¡La carpeta! ¡Tiene que darte la carpeta! - le gritan desde recepción.
Efectivamente, la ancianita lleva en la mano una carpeta gris, de plástico, comprada sin duda en un bazar multiprecio (el bibliotecario tiene un par muy parecidas). La carpeta es pequeña, no cabe ni medio folio, pero la biblioteca ya ha sufrido robos irreparables, y las normas son las normas. La anciana se encara a nuestro sufrido funcionario:
- Qué, la carpeta, ¿no?
- Pues sí. Creo que usted ya sabe que no puede subir con ella.
-¡¡Pues no te la doy!!, grita la monja, mientras se va hacia una mesa.
El bibliotecario no tiene tiempo ni de contestar. El teléfono suena de nuevo.
-¡¡La estamos viendo por la cámara!! ¡¡No la atiendas!! ¡¡Si no te da la carpeta, NO LA ATIENDAAAAASSS!!

El bibliotecario cuelga. Se siente entre la espada y la pared. Por una parte, comprende la norma, pero la sensación de que alguien se está pasando de revoluciones no para de crecer. Y hoy no hay nadie a quien consultar, ninguna compañera más veterana, ni la directora.
De todas maneras, no tiene tiempo de volver a hablar con la usuaria. Ella misma se acerca y le entrega la carpeta.
- Toma, ahí tienes. Me la guardas tú. ¿Pero tú crees que yo me voy a llevar algo ahí? - levanta la mano derecha. - ¿Qué ves aquí? - le pregunta al funcionario.
- Mmm... ¿una mano?
- ¡¡Pero bueno!! ¡¡Será posible!! ¡¡NO!! ¡ESTA mano sufrió un accidente hace tiempo! ¡Estoy operada y bla, bla, bla! ¡Tengo 84 años, bla, bla, bla, bla!
El discurso es largo, y seguramente no es la primera vez que lo pronuncia. Quiere dejar claro que ella es una usuaria inofensiva que no se llevaría un documento aunque pudiera. El bibliotecario, al que eso le ha quedado claro hace rato, sólo espera que el mal trago pase lo más pronto posible. ¡Un viernes tenía que ser!

...


Han pasado dos meses. Una tranquila tarde de finales de primavera ve salir al último usuario de la sala, en busca de los agradables rayos de sol, que se acerca al solsticio de verano. El bibliotecario se relaja y piensa que la última hora de la jornada podrá catalogar bastante en paz. ¡Iluso!
La puerta se abre y aparece la monja. El bibliotecario la ha visto muchas veces en las últimas semanas, pero se ha limitado a intercambiar un educado saludo y a tramitar sus peticiones de periódicos del siglo XIX, donde la mujer busca obituarios con una velocidad y precisión digna de admirar. Pero esta vez, la petición es directa: la usuaria quiere acceso a una hemeroteca digital, sólo consultable a través de Internet. Busca una esquela concreta y pregunta cómo hacerlo.
El bibliotecario accede a la página y hace la búsqueda. La base de datos es rápida y efectiva, así que al cabo de poco, encuentran lo que busca la usuaria, la cual no para de sonreír. Parece realmente feliz.
- Hay que ver qué diferencia con el primer día, ¿eh? Ese en que me querías matar...
- ¿Cómo diceee? Me parece que no es así, ¿eh?
- ¡Ah, no! ¡Es cierto! ¡¡Era yo la que te quería matar a ti!!

martes, 7 de junio de 2011

¡Mi inspector del gas es un Terminator!

Desde luego, el mensaje está claro...


jueves, 12 de mayo de 2011

El que ya no está

Si miran los enlaces de este blog, verán varias páginas con anécdotas de teleoperadores. Confieso que siento debilidad por las múltiples anécdotas que se dan en ese sector, especialmente proclive al tema, aunque sólo sea por el enorme volumen de conversaciones que genera. Hoy me gustaría ofrecerles una de estas anecdotillas, pero contada de primera mano por mi querida Mornen. Les copio y pego de su correo, y les aconsejo lo mismo que ella a mí: ¡no lo lean en el trabajo!


"...pues estaba yo verificando una escucha de una cliente de 80 años que se ha pasado a Endesa...

Teleoperadora: y fue usted o su cónyuge quien firmó el día x los contratos...?
Clienta: huy, no, mi cónyuge se perdió hace un año...
T: ay, perdone lo siento...
C: (riendo) no ,tranquila, si está vivo... ¡¡Es que se fue con una furcia!!

Del grito que pegué se me quedó mirando toda mi zona... Y claro, luego explícalo... Menudas risas..."

martes, 5 de abril de 2011

Rechazando el préstamo

Una pregunta típica en un día normal:

- Dígame, ¿qué servicios permite usar el carnet de biblioteca?

- Pues le permite acceder al préstamo...

- ¡¡No!! ¡Yo no vengo a pedir dinero!


Por mucho que esté atento a las noticias, veo el problema de las hipotecas ha entrado en una nueva fase que no conocía: la paranoia.

lunes, 14 de marzo de 2011

El tabaco afecta a la ortografía

O el mono del mismo. La cuestión es que algo está pasando. Y si no, vean, vean...



¡Las persianas de los bares, que dan para mucho!

domingo, 13 de febrero de 2011

Exposición escéptica

En las bibliotecas públicas estamos contínuamente exponiendo documentos. Por exponer entendemos destacar un conjunto de libros, pelis, música, etc., habitualmente acompañado de un cartel alusivo y una guía sobre el tema. Las exposiciones pueden ser temáticas, para mostrar el fondo que tenemos sobre algo en concreto, sobre la obra de un autor, etc.
En nuestra biblioteca, por ejemplo, intentamos tener siempre activa una exposición temática con fondo de adultos y otra con fondo infantil, cambiándolas cada mes. Y esta semana, por fin, he conseguido un objetivo largamente deseado: ofrecer a mis usuarios una exposición de libros sobre escepticismo, ateísmo y pensamiento crítico.



No es que en la biblioteca pública no haya material de este tema; lo hay, pero desperdigado por el fondo, a veces parece que algo oculto y no siempre fácil de recuperar en conjunto, por lo que creía necesaria una exposición orientativa sobre el tema.



Me hubiese gustado llevarla a cabo mucho antes, pero como biblioteca de nueva creación, al principio no teníamos los volúmenes que me hubiese gustado ofrecer. Ahora, tras más de un año de ocuparme del departamento de compras, he podido reunir poco a poco una colección de títulos que diría que son básicos para conocer y comprender el tema. Lo mejor de esta exposición es que algunos títulos sólo están en nuestra biblioteca (al menos, en nuestra red). Somos pioneros en poner a disposición de los usuarios libros como éste o éste, y sólo por eso ya ha valido la pena.
Pueden descargar la breve guía que acompaña la exposición de éste enlace (en catalán). La exposición permanecerá en la biblioteca hasta el 15 de marzo de 2011 (¡o hasta que se hayan llevado en préstamo todos los ejemplares, si quieren!)