jueves, 30 de abril de 2015

Punto de encuentro

"Quedamos en la biblio" es una de las muchas maneras de citarse con alguien, especialmente en época de exámenes. La frase siguiente bien podría ser algo así como "Vale, el primero que llegue que coja sitio", por ejemplo. Seguro que mucha gente de la que viene, antes ha quedado así.

Pero una cosa es que la biblioteca sea un magnífico punto de reunión y otra que esté regulado dónde quedar. Lo digo porque hace pocos días un usuario se me acercó y me preguntó lo siguiente:

- Hola, es que he quedado aquí en la biblioteca. ¿Sabes dónde se suele encontrar la gente?

Lo propondré en la próxima reunión: un "punto de encuentro" bien grande pintado en el suelo...




PS: En las bibliotecas que aún tienen bar en el edificio no suele haber muchas dudas sobre el lugar de reunión...

martes, 10 de marzo de 2015

Prohibido consumir productos...

... no adquiridos en este local.

Este tipo de advertencias abundan en locales de ocio a los que va asociado cierto consumo de comida y bebida, como los cines o, como no, en los propios restaurantes.

Donde ya no sería tan normal una advertencia de este tipo es en una biblioteca pública, especialmente porque no sería algo cierto. Usted puede entrar con sus apuntes, libros, revistas, etc., y consultarlos en la biblioteca a su propio placer y criterio. Es relativamente habitual que alguien que entra con un libro propio te pregunte si hay algún problema y si te lo tiene que enseñar al entrar y al salir, eso cuando no te preguntan lo mismo respecto a la compra del súper que acaban de hacer, pero eso ya es rutina.

Lo que no es tan normal es que entre una señora mayor, te enseñe una novela de bolsillo recién comprada y te pregunte si la puede leer aquí, y que si tiene que pagar algo por hacerlo.

¡Bastante estamos pagando ya!


viernes, 30 de enero de 2015

¡Excusas y más excusas!

En un nuevo capítulo de la eterna lucha de la biblioteca pública contra el mal uso de los móviles, tenía ganas de hablar del capítulo de las excusas de los usuarios para su "mal comportamiento". Ya he hablado antes de ellas, las hay muy variadas, y aunque sea pasando muy por encima, y habiendo muchas más, servidor distinguiría tres categorías principales:

- La llamada ineludible: entre el 2012 y el 2014, era muy habitual que, cuando le recriminabas a un usuario que hablaba por teléfono a voz de grito en la sala, éste te dijera que era una llamada "por un trabajo". Las bibliotecas estaban llenas de usuarios pegados como lapas a las páginas web de empleo, y con el móvil en la mano. Curiosamente, esta categoría ha manifestado un notable descenso últimamente. Igual va a ser verdad que el empleo se recupera. Otros casos son los de "es que estoy de obras en casa", "tengo un familiar enfermo" o el muy genérico y poco creíble "era una llamada importante" (¡échele más imaginación, coñe!).

- La ignorancia supina. El que te contesta "No lo sabía" cuando le dices que no puede hablar por el móvil. Al margen del sentido común (en una sala silenciosa sólo se le oye hablar a usted, a voz de grito), están los carteles en todas las plantas.

- La reina de la casa. La respuesta que motivó esta entrada del blog. Un usuario está hablando a todo volumen plantado en medio de la sala. Cuando me acerco a pegarle la bronca, me mira con cara de no entender lo que le estoy diciendo. "¿Por qué el idiota este que estaba detrás del mostrador me está dando la brasa?", parece pensar, si es que ello es posible. Cuando consigo que comprenda que debe colgar, lo hace. Baja lentamente la mano, me sigue mirando fijamente, y por fin logra articular: "Ej que man llamao..."

domingo, 30 de noviembre de 2014

Añadidos

Encontrar un libro subrayado mediante lápiz en una biblioteca pública es relativamente fácil. Muchos libros técnicos y de idiomas tienen los ejercicios resueltos. Se puede arreglar, pero no como para que no se note, y es un trabajo sucio. Subrayar con rotuladores luminiscentes o con bolígrafo es más llamativo, pero algo menos común.

Lo que sí que no es nada habitual, por suerte, es modificar la cubierta. Por suerte, en este caso el añadido va por encima del forro.


Pues nada, ya no es necesario leer el libro. ¡Ya tienen la respuesta!

jueves, 2 de octubre de 2014

¡Secretaria!

Mañana tranquila en el mostrador de préstamo, donde habitualmente se halla la centralita telefónica. Entra una llamada y la compañera de la sección descuelga el aparato.

- Biblioteca, ¿dígame?
- A vé, nena, que yo tengo apuntao en la agenda de vení a la biblioteca hoy. Anda, mírame a vé pa qué era, hombre...

miércoles, 16 de julio de 2014

No se asuste

En el magnífico programa La Segona hora, de RAC1, uno de sus locutores, Xavi Pérez Esquerdo, realiza "trabajos de campo" (entre otras muchas cosas), en los que llama a domicilios particulares de España para preguntar sobre algún asunto de actualidad de su zona. Cuando llama fuera de Cataluña, habitualmente incia la conversación telefónica con la frase "No se asuste, soy catalán", que no suele dejar indiferente. Las reacciones van desde lo visceral (corte radical de la llamada, insultos varios), hasta lo simpático, en lo que no deja de ser una fina ironía disfrazada de disculpa de media sonrisa.

Este tipo de humor autodestructivo es muy típico del catalán medio. Eugenio fue el gran expositor de este tipo de pullas en el propio terreno, con sus chistes de catalanes como el de la tirita o el del cine sonoro, que donde primero provocan risa en en Catalunya. Lo malo es recibir una disculpa de este tipo "en serio", que es lo que me sucedió el otro día.
Un señor mayor (muy mayor), se acercó con paso lento y algo tembloroso al mostrador en el que me hallaba. Al llegar, me soltó una perla que dudo que olvide nunca:

- No se asuste, soy andaluz, ¿sabe usted? Llevo 40 años viviendo aquí, ¿eh? y... bueno... me gustaría ver libros sobre flamenco, si no le sabe mal.

lunes, 30 de junio de 2014

Pluriempleo

Me pasan una magnífica anécdota desde una biblioteca en la que estuve hace poco:


Una compañera está en su habitual turno en el mostrador de préstamo. En ese momento no está atendiendo a nadie, así que ve claramente cómo entra un joven muy agitado.

- ¿Aquí me podéis hacer el carnet de conducir? - le pregunta. - Es que ya lo he suspendido tres veces y estoy desesperado. Y he pensado que, como aquí hacéis carnets de biblioteca, me haríais el favor de hacerme el de conducir, que si no no me lo sacaré nunca.

Reconozco que hubiera dado oro por ver la cara de la compañera. Esta es de las que agradeces que no te pasen a ti, porque no me podría aguantar la risa durante días enteros.

Lo malo es que a ver si la idea va a cuajar y acabamos expediendo también certificados médicos...