Viernes, 17:05 de la tarde. Biblioteca céntrica repletita de usuarios. Uno de ellos, sentado delante de un combo DVD-TV, pide ayuda al bibliotecario. La pantalla del televisor está azul.
- Disculpa, ¿para que se vea la imagen?
El bibliotecario se acerca a mirar el aparato. Todo parece conectado. Y entonces se fija en lo que tiene el usuario sobre la mesa.
Cajas cuadradas.
En todas pone lo mismo.
CD 520 ...
CD...
- Verá... es que son discos de bandas sonoras... no hay imagen.
viernes, 9 de noviembre de 2007
jueves, 8 de noviembre de 2007
Bibliofreaks (VII): Los Sinkasa (y2)
Los Sinkasa son problemáticos por varios motivos, de los que podríamos destacar los siguientes:
- Persistencia. Están en la puerta siempre antes de abrir, permanecen dentro todo el día y son los últimos en marcharse. Si cerramos al mediodía, sucede lo mismo con el agravante de que se quedan delante de la biblioteca el par de horitas que suele estar cerrada. Si hay bancos, se echan una siesta, pero siempre atentos al ruido de la puerta de entrada. Este tipo de comportamiento es especialmente tocapelotas las vísperas de festivos importantes. En muchas bibliotecas, los días 23 de junio, 24 de diciembre, etc., los Sinkasa suelen formar el grueso del colectivo de usuarios que no se van aunque pasen 5 minutos de la hora. Y en según qué fechas, como las que decía, se nota mucho más.
- Pestilencia. Si son de los sin techo, y no acceden a las ayudas sociales para, entre otras cosas, higiene, o simplemente son unos guarros, emiten todo un catálogo de olores, a cuál peor, que provoca que uno intente que el trato con ellos dure lo que se puede aguantar sin respirar. Si se combina con el consumo de alcohol, se aconseja no acercar cualquier fuente de llama al sujeto.
- Pesadez. Probablemente no se encontrará usuarios más exigentes y maleducados. ¡Cuidado! Recuerde que las entradas sobre bibliofreaks de este blog son extremadamente generalistas. Hay usuarios que son bellísimas personas, como en todos lados, y los Sinkasa no son menos; simplemente, hay una carga abundante de tirantez en el colectivo. Por otro lado, su nivel de exigencia, combinado con su profundo conocimiento de las costumbres de la biblioteca, puede convertirse en un poderoso aliado cuando uno es un recién llegado. Serán ellos los que podrán indicarle en qué cajón están los auriculares, el mando a distancia, y hasta los pasos a seguir para conectar correctamente el DVD y la TV para que se vea exactamente lo que ellos piden. En los casos de bibliotecas con 4 TV, 2 DVD, 1 VHS, sistema de recepción de canales por satélite, y mesa de mezclas de 8 pistas, el Sinkasa de turno adquiere el rol del guía selvático que va delante del grupo machete en ristre y conoce todos los atajos. A no ser que sea de los gandularros que comentábamos en la anterior entrada, claro. Para el caso del novato, suele primar la necesidad de ver la peli sobre la pereza de tener que apretar botones por uno mismo.
- Recursos acaparados: lo que decíamos del visionado de películas y TV. Suelen abusar hasta que se les pone freno. En el caso de Internet o Multimedia, suelen quedarse delante del ordenador mucho más tiempo del que tienen asignado, lo que genera esperas innecesarias por parte de otros usuarios. Además, cuando les toca desocupar un ordenador, toman por asalto cualquier otro que se halle vacío, sin importarles lo más mínimo el sistema de turnos. Esta especie de duelo a tres bandas entre ellos, otros usuarios y el personal de la biblioteca, suele prolongarse a lo largo de todo el turno, y repetirse a diario, pese a las múltiples advertencias. El caso extremo es cuando hacen lo mismo ya con el carnet bloqueado. Como no, suelen ser los más broncas cuando se les recrimina su actitud.
- Uso de los baños como ducha improvisada: Los usan para lavarse todo el cuerpo, con la consiguiente inundación, suciedad, y desprecio por el resto de usuarios.
- Ruiditos varios: ¡sus ronquidos son temibles!
- Persistencia. Están en la puerta siempre antes de abrir, permanecen dentro todo el día y son los últimos en marcharse. Si cerramos al mediodía, sucede lo mismo con el agravante de que se quedan delante de la biblioteca el par de horitas que suele estar cerrada. Si hay bancos, se echan una siesta, pero siempre atentos al ruido de la puerta de entrada. Este tipo de comportamiento es especialmente tocapelotas las vísperas de festivos importantes. En muchas bibliotecas, los días 23 de junio, 24 de diciembre, etc., los Sinkasa suelen formar el grueso del colectivo de usuarios que no se van aunque pasen 5 minutos de la hora. Y en según qué fechas, como las que decía, se nota mucho más.
- Pestilencia. Si son de los sin techo, y no acceden a las ayudas sociales para, entre otras cosas, higiene, o simplemente son unos guarros, emiten todo un catálogo de olores, a cuál peor, que provoca que uno intente que el trato con ellos dure lo que se puede aguantar sin respirar. Si se combina con el consumo de alcohol, se aconseja no acercar cualquier fuente de llama al sujeto.
- Pesadez. Probablemente no se encontrará usuarios más exigentes y maleducados. ¡Cuidado! Recuerde que las entradas sobre bibliofreaks de este blog son extremadamente generalistas. Hay usuarios que son bellísimas personas, como en todos lados, y los Sinkasa no son menos; simplemente, hay una carga abundante de tirantez en el colectivo. Por otro lado, su nivel de exigencia, combinado con su profundo conocimiento de las costumbres de la biblioteca, puede convertirse en un poderoso aliado cuando uno es un recién llegado. Serán ellos los que podrán indicarle en qué cajón están los auriculares, el mando a distancia, y hasta los pasos a seguir para conectar correctamente el DVD y la TV para que se vea exactamente lo que ellos piden. En los casos de bibliotecas con 4 TV, 2 DVD, 1 VHS, sistema de recepción de canales por satélite, y mesa de mezclas de 8 pistas, el Sinkasa de turno adquiere el rol del guía selvático que va delante del grupo machete en ristre y conoce todos los atajos. A no ser que sea de los gandularros que comentábamos en la anterior entrada, claro. Para el caso del novato, suele primar la necesidad de ver la peli sobre la pereza de tener que apretar botones por uno mismo.
- Recursos acaparados: lo que decíamos del visionado de películas y TV. Suelen abusar hasta que se les pone freno. En el caso de Internet o Multimedia, suelen quedarse delante del ordenador mucho más tiempo del que tienen asignado, lo que genera esperas innecesarias por parte de otros usuarios. Además, cuando les toca desocupar un ordenador, toman por asalto cualquier otro que se halle vacío, sin importarles lo más mínimo el sistema de turnos. Esta especie de duelo a tres bandas entre ellos, otros usuarios y el personal de la biblioteca, suele prolongarse a lo largo de todo el turno, y repetirse a diario, pese a las múltiples advertencias. El caso extremo es cuando hacen lo mismo ya con el carnet bloqueado. Como no, suelen ser los más broncas cuando se les recrimina su actitud.
- Uso de los baños como ducha improvisada: Los usan para lavarse todo el cuerpo, con la consiguiente inundación, suciedad, y desprecio por el resto de usuarios.
- Ruiditos varios: ¡sus ronquidos son temibles!
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Bibliofreaks (VII): Los Sinkasa
Aunque el nombre parezca pertenecer más a una tribu zulú que un tipo de usuarios, les aseguro que a éstos les queda que ni pintado. Los Sinkasa son aquellos que, literalmente, viven en la biblioteca y por lo tanto, suscitan continuamente entre el personal la pregunta "¿Pero esta gente no tiene casa?" (o "¿No tiene vida?", pero esta variante es algo más cruel). Lamentablemente, en muchos casos es algo literalmente cierto, puesto que la mayoría de ell@s pertenecen al colectivo de los sin techo.
Los Sinkasa son, en muchos casos, también Garfield. Están en la puerta bastante antes de abrir y entran de los primeros, con paso firme y soberbio. A partir de aquí, comienza una rutina diaria que varía ligeramente según el sujeto, pero que, una vez establecida, es tan fácil de identificar como difícil de cambiar:
- Asalto a la prensa diaria. Los Sinkasa y/o Sinvida son el más directo competidor, en el medio ecológico, de los Abuelos del Periódico por leer los primeros el diario. Compárenlo con dos familias de superpredadores que comparten una presa que no abunda. Generalmente gana el Comando Imserso, ya que juega en casa y defiende su posición con uñas, dientes postizos, bastones de uso múltiple y muletas de combate.
- Los Sinkasa (la inmensa mayoría son hombres), suelen optar entonces por las revistas, de menos demanda, y el uso de Internet. Eso, cuando simplemente no se sientan en un sofá o un sillón y se quedan sin hacer nada. Si estamos hablando de la tarde, el "no hacer nada" pasa a ser "quedarse dormido", con el consecuente peligro de entrar en una fase de molestos ronquidos.
- Uso de Internet. El Sinkasa es experto en el uso de Internet a lo largo del día. Combina perfectamente el uso de los ordenadores que sólo tienen acceso a la red (que pueden usarse entre 2 y 3 horas a la semana), con los de las Aulas Multimedia (de entre 4 y 8 horas), que tienen controles de tiempo distintos e independientes. Si la biblioteca tiene varias plantas y el cronómetro de Internet es distinto en cada una, subirá y bajará las veces que haga falta para tener más horas. Si, además, el local dispone de PC de consulta rápida, éste será usado lo que le venga en gana.
- La biblioteca es el cine más barato del mundo: el servicio más usado por los Sinkasa (además del WC), es el que les permite ves películas en DVD y VHS, cómodamente sentados, con auriculares y mando a distancia. En esto, curiosamente, suelen ser tan exigentes como gandules: no pararán hasta que se le ponga lo que quieren, en el idioma que quieren y con los subtítulos que desean, si se tercia. Ante cualquier intento de explicarles el fácil uso del mando a distancia del DVD, gritarán enseguida algo así como "¡Uy, no! ¡Yo de estos trastos no entiendo!" Ya, sí... y yo me lo creo. El visionado de películas trae consigo una ristra de elementos propios. El, primero, la competencia. En este caso, la tribu sólo lucha contra ella misma. Si es usted observador/a, distinguirá enseguida la serie de alianzas y enfrentamientos, según los grupos. Los que se conocen entre ellos no se pisan el derecho a peli y se combinan los horarios a la par que se guardan los turnos. Si aparece alguno que no es de su círculo y logra ponerse antes que ellos, tendrá malas caras, protestas, y la cosa puede llegar a las manos. Este tipo de conflicto se maximiza en las bibliotecas que tienen más de un aparato y TV y, por el motivo que sea, alguno de ellos deja de funcionar durante unos días, lo que genera un cuello de botella muy agobiante para el personal. El uso de este servicio se convierte rápidamente en abuso, lo que obliga a tomar medidas para racionalizarlo. ¿Han entrado alguna vez en una biblioteca dónde haya un cartel que rece "Sólo se permite una película por persona y día?" No lo duden: han tenido una verdadera epidemia de Sinkasa.
(mañana seguimos)
Los Sinkasa son, en muchos casos, también Garfield. Están en la puerta bastante antes de abrir y entran de los primeros, con paso firme y soberbio. A partir de aquí, comienza una rutina diaria que varía ligeramente según el sujeto, pero que, una vez establecida, es tan fácil de identificar como difícil de cambiar:
- Asalto a la prensa diaria. Los Sinkasa y/o Sinvida son el más directo competidor, en el medio ecológico, de los Abuelos del Periódico por leer los primeros el diario. Compárenlo con dos familias de superpredadores que comparten una presa que no abunda. Generalmente gana el Comando Imserso, ya que juega en casa y defiende su posición con uñas, dientes postizos, bastones de uso múltiple y muletas de combate.
- Los Sinkasa (la inmensa mayoría son hombres), suelen optar entonces por las revistas, de menos demanda, y el uso de Internet. Eso, cuando simplemente no se sientan en un sofá o un sillón y se quedan sin hacer nada. Si estamos hablando de la tarde, el "no hacer nada" pasa a ser "quedarse dormido", con el consecuente peligro de entrar en una fase de molestos ronquidos.
- Uso de Internet. El Sinkasa es experto en el uso de Internet a lo largo del día. Combina perfectamente el uso de los ordenadores que sólo tienen acceso a la red (que pueden usarse entre 2 y 3 horas a la semana), con los de las Aulas Multimedia (de entre 4 y 8 horas), que tienen controles de tiempo distintos e independientes. Si la biblioteca tiene varias plantas y el cronómetro de Internet es distinto en cada una, subirá y bajará las veces que haga falta para tener más horas. Si, además, el local dispone de PC de consulta rápida, éste será usado lo que le venga en gana.
- La biblioteca es el cine más barato del mundo: el servicio más usado por los Sinkasa (además del WC), es el que les permite ves películas en DVD y VHS, cómodamente sentados, con auriculares y mando a distancia. En esto, curiosamente, suelen ser tan exigentes como gandules: no pararán hasta que se le ponga lo que quieren, en el idioma que quieren y con los subtítulos que desean, si se tercia. Ante cualquier intento de explicarles el fácil uso del mando a distancia del DVD, gritarán enseguida algo así como "¡Uy, no! ¡Yo de estos trastos no entiendo!" Ya, sí... y yo me lo creo. El visionado de películas trae consigo una ristra de elementos propios. El, primero, la competencia. En este caso, la tribu sólo lucha contra ella misma. Si es usted observador/a, distinguirá enseguida la serie de alianzas y enfrentamientos, según los grupos. Los que se conocen entre ellos no se pisan el derecho a peli y se combinan los horarios a la par que se guardan los turnos. Si aparece alguno que no es de su círculo y logra ponerse antes que ellos, tendrá malas caras, protestas, y la cosa puede llegar a las manos. Este tipo de conflicto se maximiza en las bibliotecas que tienen más de un aparato y TV y, por el motivo que sea, alguno de ellos deja de funcionar durante unos días, lo que genera un cuello de botella muy agobiante para el personal. El uso de este servicio se convierte rápidamente en abuso, lo que obliga a tomar medidas para racionalizarlo. ¿Han entrado alguna vez en una biblioteca dónde haya un cartel que rece "Sólo se permite una película por persona y día?" No lo duden: han tenido una verdadera epidemia de Sinkasa.
(mañana seguimos)
martes, 6 de noviembre de 2007
Problema de orientación
Hay tardes curiosas. Como esa en que trabajas en una biblioteca con más de dos plantas, y te preguntan:
- Hola, ¿para conectarme a Internet?
Y respondes:
- Sí, en el SEGUNDO PISO.
A lo que te vuelven a preguntar:
- Ah, ¿abajo, dices?
...
Cuando esto te pasa tres veces seguidas, y otras tantas a tu compañero, no sabes si los usuarios tienen un grave problema de orientación vertical, o es que los aparcamientos de múltiples niveles de los grandes centros comerciales, o los abundantes sótanos del Corte Inglés, han hecho muuuuucho daño. :S
- Hola, ¿para conectarme a Internet?
Y respondes:
- Sí, en el SEGUNDO PISO.
A lo que te vuelven a preguntar:
- Ah, ¿abajo, dices?
...
Cuando esto te pasa tres veces seguidas, y otras tantas a tu compañero, no sabes si los usuarios tienen un grave problema de orientación vertical, o es que los aparcamientos de múltiples niveles de los grandes centros comerciales, o los abundantes sótanos del Corte Inglés, han hecho muuuuucho daño. :S
viernes, 2 de noviembre de 2007
lunes, 29 de octubre de 2007
sábado, 27 de octubre de 2007
Bibliofreaks (VI): Los L.U.T. (Laptop Users Tocabowlings)
O "Ley de Murphy de la conexión Wi-Fi".
Desde hace unos pocos años, en nuestras bibliotecas públicas (en las de la Europa más acorde con el s. XXI, hace bastante más tiempo), hay acceso inalámbrico gratuito a Internet. Usted se trae su portátil y mediante el número de carnet de usuario y el DNI, se conecta a una red con velocidad respetable (que no elevada), por tantas horas como tengamos abierto el local. De hecho, en la mayoría de casos la señal llega fuera del edificio, por lo que no es raro ver gente sentada en los bancos próximos (o en posturas más raras), con su portátil, a todas horas.
Que sea una conexión sencilla no implica que no dé problemas. Hace un par de años era más habitual encontrarse con tarjetas Wireless USB que no aceptaban la conexión (sin motivo lógico aparente), cosa que ha quedado solventada al tener, casi todos los usuarios, portátiles más modernos con la tarjeta integrada. En otros casos es el firewall de Windows, en otros es alguna idiotez del sistema, etc. Pero hay una situación algo temible para el bibliotecario, y es el usuario de este servicio que cumple con la consabida Ley de Murphy. Elevo este tipo de usuario a la categoría de Bibliofreak después de constatar que los hay en todas las bibliotecas, y que en todas sucede lo mismo, con gran profusión del comportamiento borde y chulesco que les caracteriza.
Este bibliofreak es un usuario que entra casi exclusivamente a usar su portátil y la conexión inalámbrica. Al entrar, o bien no dice nada (ni saluda, ya puestos), o bien pregunta dónde está la zona con la máxima potencia de señal. Este tipo de pregunta es habitual entre los que se traen su propio ordenador, y con el 99% de ellos no hay problemas. El calvario comienza cuando el usuario que ha entrado hace poco, se dirige hacia el mostrador con cara de pocos amigos y su portátil abierto en las manos. En este caso, en la totalidad de las ocasiones, el sujeto viene a protestar porque no puede conectarse. Y tiemble, porque no es ninguno de los casos que mencionábamos antes. Gracias a Murphy, el problema de este usuario va a ser poco menos que irresoluble, si es que puede llegar solventarlo. Por algún motivo que debe pertenecer más al campo de los misteriólogos que a los informáticos, el ordenador se resiste a conectarse a la red, pese a reconocerla. Tenemos un breve manual de conexión que describe, paso a paso, lo que debe hacerse para configurar la máquina; ya puede usarlo de papel higiénico, porque le va a ser más útil que con el bibliofreak que tiene delante. Por cierto, hasta ahora no parecen de esa categoría, ¿no? Esperen, que ahora viene la puya: al decirle al usuario que el ordenador no conecta y que uno no sabe de qué manera conseguirlo, sueltan sin pestañear la frase: “¡Pues en todos los otros sitios me puedo conectar!" Es decir: de un plumazo te están llamando inútil y se ciscan en la red de la biblioteca propia, en su configuración y en la madre que la parió. El efecto, como digo, me resulta curioso porque lo veo en TODAS. Si voy por la mañana a una biblioteca y por la tarde a otra, puede que tenga dos usuarios que me digan lo mismo para dos bibliotecas distintas… y a lo mejor me dicen que en “tal biblioteca” (¡la de la mañana!) sí le funciona. Porque esa es otra constante: en todas logran conectarse menos en la propia (son usuarios sin miedo a desplazarse).
En fin, que preferiría no sufrirlos, después de haber tenido con ellos broncas monumentales por un mal servicio que no es culpa de uno y ante el que poco podemos hacer. El ISP de la señal inalámbrica no es la biblioteca y salvo reiniciar el router a petición del servicio técnico, poco más podemos hacer. Salvo, quizá, rezar para que este, ese o aquel no sean uno de esos días en que el servicio cae al completo, y hordas de usuarios con portátiles abiertos en las manos se dirijan al mostrador con expresiones en el rostro que casan más con una antorcha encendida en la mano y el grito de “¡Quememos al monstruo!” de las películas de terror de la Hammer. Claro que… Vaya, les dejo, que viene un señor con un laptop en las manos… :(
Desde hace unos pocos años, en nuestras bibliotecas públicas (en las de la Europa más acorde con el s. XXI, hace bastante más tiempo), hay acceso inalámbrico gratuito a Internet. Usted se trae su portátil y mediante el número de carnet de usuario y el DNI, se conecta a una red con velocidad respetable (que no elevada), por tantas horas como tengamos abierto el local. De hecho, en la mayoría de casos la señal llega fuera del edificio, por lo que no es raro ver gente sentada en los bancos próximos (o en posturas más raras), con su portátil, a todas horas.
Que sea una conexión sencilla no implica que no dé problemas. Hace un par de años era más habitual encontrarse con tarjetas Wireless USB que no aceptaban la conexión (sin motivo lógico aparente), cosa que ha quedado solventada al tener, casi todos los usuarios, portátiles más modernos con la tarjeta integrada. En otros casos es el firewall de Windows, en otros es alguna idiotez del sistema, etc. Pero hay una situación algo temible para el bibliotecario, y es el usuario de este servicio que cumple con la consabida Ley de Murphy. Elevo este tipo de usuario a la categoría de Bibliofreak después de constatar que los hay en todas las bibliotecas, y que en todas sucede lo mismo, con gran profusión del comportamiento borde y chulesco que les caracteriza.
Este bibliofreak es un usuario que entra casi exclusivamente a usar su portátil y la conexión inalámbrica. Al entrar, o bien no dice nada (ni saluda, ya puestos), o bien pregunta dónde está la zona con la máxima potencia de señal. Este tipo de pregunta es habitual entre los que se traen su propio ordenador, y con el 99% de ellos no hay problemas. El calvario comienza cuando el usuario que ha entrado hace poco, se dirige hacia el mostrador con cara de pocos amigos y su portátil abierto en las manos. En este caso, en la totalidad de las ocasiones, el sujeto viene a protestar porque no puede conectarse. Y tiemble, porque no es ninguno de los casos que mencionábamos antes. Gracias a Murphy, el problema de este usuario va a ser poco menos que irresoluble, si es que puede llegar solventarlo. Por algún motivo que debe pertenecer más al campo de los misteriólogos que a los informáticos, el ordenador se resiste a conectarse a la red, pese a reconocerla. Tenemos un breve manual de conexión que describe, paso a paso, lo que debe hacerse para configurar la máquina; ya puede usarlo de papel higiénico, porque le va a ser más útil que con el bibliofreak que tiene delante. Por cierto, hasta ahora no parecen de esa categoría, ¿no? Esperen, que ahora viene la puya: al decirle al usuario que el ordenador no conecta y que uno no sabe de qué manera conseguirlo, sueltan sin pestañear la frase: “¡Pues en todos los otros sitios me puedo conectar!" Es decir: de un plumazo te están llamando inútil y se ciscan en la red de la biblioteca propia, en su configuración y en la madre que la parió. El efecto, como digo, me resulta curioso porque lo veo en TODAS. Si voy por la mañana a una biblioteca y por la tarde a otra, puede que tenga dos usuarios que me digan lo mismo para dos bibliotecas distintas… y a lo mejor me dicen que en “tal biblioteca” (¡la de la mañana!) sí le funciona. Porque esa es otra constante: en todas logran conectarse menos en la propia (son usuarios sin miedo a desplazarse).
En fin, que preferiría no sufrirlos, después de haber tenido con ellos broncas monumentales por un mal servicio que no es culpa de uno y ante el que poco podemos hacer. El ISP de la señal inalámbrica no es la biblioteca y salvo reiniciar el router a petición del servicio técnico, poco más podemos hacer. Salvo, quizá, rezar para que este, ese o aquel no sean uno de esos días en que el servicio cae al completo, y hordas de usuarios con portátiles abiertos en las manos se dirijan al mostrador con expresiones en el rostro que casan más con una antorcha encendida en la mano y el grito de “¡Quememos al monstruo!” de las películas de terror de la Hammer. Claro que… Vaya, les dejo, que viene un señor con un laptop en las manos… :(
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