martes, 9 de febrero de 2010

Exclusividades

Una escena típica: entra alguien gritando en la biblioteca. Suele ser más habitual de lo que nos gustaría e implica desde el que continúa una conversación que sostenía en la calle con su acompañante, el que habla por el móvil o el que saluda a todo pulmón creyendo que eso le hace más educado.


Otra escena típica: un compañero (en este caso), avisa al sujeto de que debe bajar la voz, que está entrando donde lo está haciendo.



Escena no tan típica (¡por suerte!):
- ¡¡Pues si no se puede hablar, haber puesto un cartel que diga "Biblioteca sólo para mudos"!!


Y mudo me quedé cuando me lo contó el compañero. Mejor callarme que decir lo que pensaba, pero creo que me volví muuuuy transparente.

viernes, 22 de enero de 2010

Premio a la pregunta bizarra

Se me acerca un usuario con un libro en la mano y me lo señala:

- Perdona, ¿aquí se puede leer?


Creo que voy a tomar medidas. De momento, hay que pedir que el cartel que pone BIBLIOTECA en la puerta nos lo pongan el doble de grande.

jueves, 21 de enero de 2010

Grandes decepciones

Me contaba un compañero que estuvo de refuerzo hace poco en nuestra biblioteca, que en su paso por el mostrador de préstamo, acabó harto de que le preguntaran por las novelas de la saga Crepúsculo. Como las teníamos prestadas, y ya con cola de reserva, decidió dedicarse a ofrecer alternativas:

- Hola, ¿tienes la de Crepúsculo?
- No, está prestada y hay para rato. Pero si te gustan estos temas, ¿que te parece empezar por un clásico? ¿Qué tal Drácula?
- ¿Drácula? ¿Y quién es Drácula?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Resumen de estos primeros días

Inaugurar una biblioteca suele poder resumirse con una sola palabra: carnets. Y más en una zona tradicionalmente desabastecida de este servicio como la nuestra. La primera semana ha sido un no parar de dar de alta usuarios, con evidente alegría por nuestra parte, pero también de iniciar a la gente en el uso del edificio y sus servicios. Ya lo esperábamos, pero al entrar, casi todo el mundo lo hace hablando en voz alta, cuando no gritando directamente, comenta, pregunta, etc., pero prácticamente todos los usuarios se adaptan enseguida cuando les decimos que aquí no se grita, no se corre, y no se entra hablando por el móvil a máximo volumen. Todos vamos aprendiendo un poquito y a nosotros nos encanta que estén tan contentos como nos dicen con el nuevo espacio cultural que se ha creado.
Un par de detalles que me han gustado mucho: el primer día, un grupo de adolescentes se dirige hacia la salida; una de las chicas lleva un libro en la mano y lo deja en uno de los carros con un gesto brusco. La amiga que iba a su lado le pregunta "Tía, ¿por qué has hecho eso?" Y ella le respondió: "Es que lo pone ahí". Efectivamente, en el lateral de cada carro de libros reza: "Dejen los libros consultados en los carros". ¡Tenemos usuarios que leen!
El otro detalle es el siguiente: al tercer día tras la apertura, un usuario entra pronto por la mañana y tras sentarse enciende su portátil. Al hacerlo, el sonido de inicio de sistema resuena por toda la sala. Ni lo miré; por desgracia es normal, y al inicio de una jornada, en cualquier biblioteca se puede escuchar durante unos minutos ese sonido de manera contínua. Pero lo que no me había pasado aún jamás es que el usuario se girara, me mirara y me pidiera perdón.

Leen los carteles, son educados... ¡me encantaaa!

domingo, 29 de noviembre de 2009

¡Inauguramos!

Acabo de volver de la inauguración de la biblioteca. Ha sido toda una fiesta a la que ha acudido un gran número de personas, más de las que esperábamos, que han llegado a colapsar las zonas. Vamos, que por según donde no nos podíamos ni mover. Hemos contestado dudas, preparando a la gente para hacer carnets como locos a partir de mañana y convenciendo a la gente de cosas como que las revistas expuestas no eran para llevar a casa sin más, que todo tiene su proceso.
Un resumen rápido: un éxito total. Los usuarios están ilusionados, les gusta el edificio, y nosotros encantados de ellos sonrían y sean felices.

Eso sí, tenía que pasar una anécdota. ¡La primera de esta biblio!


Una señora mayor se acerca a una compañera y le dice

- Niña, ¿un lugar para hablar?
- Cómo, ¿para hablar conmigo?
- No, nena. ¡Para hablar, con mis amigas!
- No... en un futuro tendremos club de lectura y otras actividades, pero precisamente a hablar no es a lo que se viene... Leer y...
- ¡Uy, no! ¡Si a mí leer no me gusta!


En fin... ¡bienvenidos a la Biblioteca Zona Nord!

sábado, 28 de noviembre de 2009

Dudas sobre los detalles

Las inauguraciones generan multitud de dudas y preguntas, más o menos razonables:

- "Oye, ¿y er arcarde hará un monólogo de esos?"


La gente del barrio no ha inaugurado nunca una biblioteca. Yo tampoco. Y hay dudas que no me habían pasado por la cabeza. Es lo que tiene la falta de experiencia, imagino...

viernes, 20 de noviembre de 2009

Primeras bajas

En todas las guerras hay bajas. En la nuestra particular, contra la incultura, también. No hablo de bajas de libros del catálogo, cosa que aún no hemos llevado a cabo (todo llegará), sinó de bajas físicas, de caídas en acto de servicio. Damas y caballeros: les presento la primera víctima mortal del proceso de creación de nuestra biblioteca:





Sí, un mosquito, al que el intento de aprender Euskera parece que le ha costado muy caro. No hace falta que se lo diga; el libro estaba así cuando lo hemos sacado de la caja y el mosquito está debajo del forro. Si son religiosos, recen algo por tan pequeño pero plastificado mártir. Si no lo son, no importa: simplemente, recuérdenle. Snif, snif...

Ahora pongámonos serios: vuelvan a mirar la foto. Sí, ahí, a la derecha. ¿Ven la mancha? Hagamos una posible reconstrucción de los hechos: un empleado de la Diputación de Barcelona está forrando libros para esa biblio que abrirán dentro de unos meses cuando, de repente, un atrevido mosquito se posa en el lado izquierdo del libro. Sin perder un segundo, nuestro protagonista cierra brúscamente el volúmen para acabar con el insecto de manera expeditiva. El bicho queda aplastado en ese lado izquierdo, mientras que la mancha que delata su muerte, queda en el derecho.



Y, en lugar de retirar cortesmente al mosquito, nuestro forrador (o forradora, para el caso no importa), sigue impertérrito y acaba de plastificar el exterior del diccionario sin retirar el mosquito (para qué, ¿no?). Pues ya saben: guarretes hay en todos lados, pero no todos consiguen inmortalizar su desidia. ¡Con un par!