Una usuaria se dirige al mostrador:
- ¿Cuándo se va el sol?
- ¿Perdón?
- Ay, disculpa... ¿a qué hora cerráis hoy?
miércoles, 3 de agosto de 2016
domingo, 31 de julio de 2016
Usuarios guarros
Definición con una
sola imagen:
La
"papelera" es un contenedor de papel reciclado, de algo más de 1'2 m
de alto, donde se ve de todo menos papel. Menos mal que en la biblioteca no se
puede comer ni beber, porque parece el contenedor de basura de la salida de un
parque o una playa. Además de no cumplir
las normas, guarr@s. Porque "pillar" a alguien comiendo o bebiendo es
algo que forma parte de la rutina diaria. Los hay que saben disimular muy bien,
y los que se montan la merienda en la mesa sin ningún problema. Normalmente no
suele haber mucho follón con el tema: al que se le dice, guarda lo suyo y
normalmente espera que no mires para atacar otra vez cuando pueda. Pero entre
que estamos en época de exámenes, la edad media de los usuarios baja en picado
(a más jóvenes más comen: la estadística no la he hecho yo, pero la veo a
diario) y que la pobre "papelera"está medio oculta al fondo de la
sala... En fin.
Ah, la imagen es de
un mediodía, así que "eso" es el "fruto" de una sola
mañana, cuando viene menos gente...
sábado, 28 de mayo de 2016
Heliodoro el Católico
En una biblioteca pública damos todo tipo de respuestas a las más variadas preguntas, pero si son lectores veteranos de este blog, seguramente ya se habrán dado cuenta que esas respuestas no siempre son las que busca el usuario. Si no sabemos algo, les aseguro que los de mi gremio no nos lo vamos a inventar. Podemos dar información errónea por accidente, pero lo evitamos todo lo posible y, en cualquier caso, siempre podemos tratar de indicar otra fuente documental en la que buscar.
Dicho esto, y parafraseando el famoso refrán sobre los ciegos, no hay peor usuario que el que no quiere que le ayuden, por mucho que lo necesite...
Una usuaria se acerca a primera hora de la mañana con un libro bastante grande en la mano. Cuando el bibliotecario le pregunta en qué la puede ayudar, la señora abre el libro por una página en la que ya tenía el dedo, y señala una frase.
- Pues verá, yo hasta ayer pensaba que los Reyes Católicos eran Isabel y Fernando, pero ayer mi hijo se llevó este libro al cole para un trabajo, y le dijeron que aquí aparece otro que no conocía... ¿me puede usted decir quién narices es este tal "Heliodoro el Católico"?
El bibliotecario traga saliva y alucina. No es historiador, pero no hace falta serlo para saber que, como dice la señora, tanto monta monta tanto Isabel como Fernando. Pero lo que ha iniciado el sudor frío, la palidez del rostro y el agrandamiento de pupilas es ver dónde señala el dedo de la usuaria.
El libro está en inglés.
El dedo está sobre una palabra en concreto: Ferdinand.
Ferdinand...
"Fernando"...
¿¡Heliodoro!?
- Disculpe, señora, pero me temo que ahí no pone Heliodoro...
- ¡¡¿Cómo que no?!! ¡¡Claro que sí!! ¡¡Aquí pone Heliodoro!! ¡¡¡Que se lo han dicho a mi niño en el cole!!!
Bullying, esto tiene que ser bullying, piensa el bibliotecario mientras vuelve a mirar.
Ferdinand. En letra de 14 puntos, por lo menos. Pobre chaval.
- Señora, de verdad que me sabe mal, pero yo no le voy a mentir: ahí NO pone Heliodoro.
- ¡¡Que sí lo pone!! ¡¡¿Habrase visto?!! Panda de...
Y se alejó con el libro, en compañía del rey Heliodoro...
Dicho esto, y parafraseando el famoso refrán sobre los ciegos, no hay peor usuario que el que no quiere que le ayuden, por mucho que lo necesite...
Una usuaria se acerca a primera hora de la mañana con un libro bastante grande en la mano. Cuando el bibliotecario le pregunta en qué la puede ayudar, la señora abre el libro por una página en la que ya tenía el dedo, y señala una frase.
- Pues verá, yo hasta ayer pensaba que los Reyes Católicos eran Isabel y Fernando, pero ayer mi hijo se llevó este libro al cole para un trabajo, y le dijeron que aquí aparece otro que no conocía... ¿me puede usted decir quién narices es este tal "Heliodoro el Católico"?
El bibliotecario traga saliva y alucina. No es historiador, pero no hace falta serlo para saber que, como dice la señora, tanto monta monta tanto Isabel como Fernando. Pero lo que ha iniciado el sudor frío, la palidez del rostro y el agrandamiento de pupilas es ver dónde señala el dedo de la usuaria.
El libro está en inglés.
El dedo está sobre una palabra en concreto: Ferdinand.
Ferdinand...
"Fernando"...
¿¡Heliodoro!?
- Disculpe, señora, pero me temo que ahí no pone Heliodoro...
- ¡¡¿Cómo que no?!! ¡¡Claro que sí!! ¡¡Aquí pone Heliodoro!! ¡¡¡Que se lo han dicho a mi niño en el cole!!!
Bullying, esto tiene que ser bullying, piensa el bibliotecario mientras vuelve a mirar.
Ferdinand. En letra de 14 puntos, por lo menos. Pobre chaval.
- Señora, de verdad que me sabe mal, pero yo no le voy a mentir: ahí NO pone Heliodoro.
- ¡¡Que sí lo pone!! ¡¡¿Habrase visto?!! Panda de...
Y se alejó con el libro, en compañía del rey Heliodoro...
lunes, 29 de febrero de 2016
Desaprovechados
Uno de los muchos usuarios que está pasando por el mostrador del bibliotecario esa tarde, realiza una pregunta que, no por ser rutina, es menos inquietante:
- ¿Para sacar el carnet para tener WiFi y esas cosas?
"Esas cosas" es el acceso a más de 2 millones de documentos en más de 200 bibliotecas distintas, y eso sólo para empezar. Porque esas cifras son sólo para la provincia de Barcelona, y el carnet puede activarse para las 4 provincias de Catalunya. Sumen, multipliquen y asómbrense.
"Esas cosas" es un conjunto de descuentos permanentes en las entradas de museos, centros culturales, teatros e incluso algunos cines.
"Esas cosas" es el acceso a cursos gratuitos de informática y móviles.
"Esas cosas" es la descarga gratuita de audiolibros y el préstamo de libros electrónicos.
"Esas cosas" es el acceso a un tutor informático un mínimo de dos días a la semana, y el poder gozar de un servicio de impresora inmediato, eficaz y barato.
"Esas cosas"... en fin, creo que ya ven por dónde voy. Que sí, que el acceso a una red inalámbrica es una necesidad ineludible y se ha convertido en el gran atractor de usuarios, pero es que el desprecio duele, aunque provenga del desconocimiento.
- ¿Para sacar el carnet para tener WiFi y esas cosas?
"Esas cosas" es el acceso a más de 2 millones de documentos en más de 200 bibliotecas distintas, y eso sólo para empezar. Porque esas cifras son sólo para la provincia de Barcelona, y el carnet puede activarse para las 4 provincias de Catalunya. Sumen, multipliquen y asómbrense.
"Esas cosas" es un conjunto de descuentos permanentes en las entradas de museos, centros culturales, teatros e incluso algunos cines.
"Esas cosas" es el acceso a cursos gratuitos de informática y móviles.
"Esas cosas" es la descarga gratuita de audiolibros y el préstamo de libros electrónicos.
"Esas cosas" es el acceso a un tutor informático un mínimo de dos días a la semana, y el poder gozar de un servicio de impresora inmediato, eficaz y barato.
"Esas cosas"... en fin, creo que ya ven por dónde voy. Que sí, que el acceso a una red inalámbrica es una necesidad ineludible y se ha convertido en el gran atractor de usuarios, pero es que el desprecio duele, aunque provenga del desconocimiento.
martes, 19 de enero de 2016
La prueba del delito
Un usuario con cara de no haber dormido bien en tres años se acerca al mostrador de préstamo. Le acompaña una nube de vapor alcohólico, nada sutil y que alimenta una voz ronca y cazallera.
- ¡¡Oyeee, que no me puedo conectar a Interneeé!!
La bibliotecaria toma el DNI de las manos del usuario a la vez que traga un poco de saliva y trata de no respirar muy fuerte. La lectura del carnet revela que debe documentos.
- En su carnet hay un par de libros de ajedrez que se debían haber devuelto hace casi dos años, caballero. Por eso no le deja conectarse.
- ¿Dos años dices? Pues no puede ser, no los he cogido yo.
- ¿No?
- No. Es que por esas fechas yo estaba en la cárcel. ¡Y no sé jugar al ajedrez!
- ...
-...
- y... ¿no le dejaría el carné a nadie, no?
- No, qué va. Si de hecho lo perdí. Una movida... lo encontraron en la escena de un crimen, un asesinato creo. Lo tiene la policía judicial.
- (nyeeee, para eso no me habían preparado...) Pues nada, que debe dos libros, ¿eh?
- Vale, vale.
PS: Con permiso de la compañera a la que le sucedió esta historia. ¡Gracias!
- ¡¡Oyeee, que no me puedo conectar a Interneeé!!
La bibliotecaria toma el DNI de las manos del usuario a la vez que traga un poco de saliva y trata de no respirar muy fuerte. La lectura del carnet revela que debe documentos.
- En su carnet hay un par de libros de ajedrez que se debían haber devuelto hace casi dos años, caballero. Por eso no le deja conectarse.
- ¿Dos años dices? Pues no puede ser, no los he cogido yo.
- ¿No?
- No. Es que por esas fechas yo estaba en la cárcel. ¡Y no sé jugar al ajedrez!
- ...
-...
- y... ¿no le dejaría el carné a nadie, no?
- No, qué va. Si de hecho lo perdí. Una movida... lo encontraron en la escena de un crimen, un asesinato creo. Lo tiene la policía judicial.
- (nyeeee, para eso no me habían preparado...) Pues nada, que debe dos libros, ¿eh?
- Vale, vale.
PS: Con permiso de la compañera a la que le sucedió esta historia. ¡Gracias!
jueves, 19 de noviembre de 2015
No debería salir sin la bola de cristal
Un usuario se presenta ante el mostrador. Saca un USB del bolsillo y se lo enseña al bibliotecario. A mi, en este caso
. ¿Para saber si un USB funciona o no, cómo hay que hacerlo?
Como indica el título de la entrada, me he dejado la bola de cristal en casa, así que le he dicho que casi mejor inicia sesión en Internet (tenía 10 ordenadores detrás de mí), y lo comprobaba directamente. Lo mejor ha sido la expresión en el rostro del tipo "Ah, pues igual es verdad...".
PS: Es cierto que algunos USB dan problemas con algunos modelos de torres en las bibliotecas públicas. Pasa pocas veces, y en la mayoría de ocasiones lo más probable es que el USB venga dañado de casa. Por la suciedad y el estado en que encontramos algunos que se dejan los usuarios, los tratan bastante mal. Pero lo normal es que no sea algo que se vea a simple vista, a menos que el pobre pendrive tenga las tripas expuestas y colganderas.
. ¿Para saber si un USB funciona o no, cómo hay que hacerlo?
Como indica el título de la entrada, me he dejado la bola de cristal en casa, así que le he dicho que casi mejor inicia sesión en Internet (tenía 10 ordenadores detrás de mí), y lo comprobaba directamente. Lo mejor ha sido la expresión en el rostro del tipo "Ah, pues igual es verdad...".
PS: Es cierto que algunos USB dan problemas con algunos modelos de torres en las bibliotecas públicas. Pasa pocas veces, y en la mayoría de ocasiones lo más probable es que el USB venga dañado de casa. Por la suciedad y el estado en que encontramos algunos que se dejan los usuarios, los tratan bastante mal. Pero lo normal es que no sea algo que se vea a simple vista, a menos que el pobre pendrive tenga las tripas expuestas y colganderas.
jueves, 16 de julio de 2015
Mareando al usuario
Media tarde en una biblioteca pública de la zona alta de Barcelona. Un usuario se acerca al mostrador y pregunta por un título. El bibliotecario inicia la búsqueda y mientras el usuario le va contando que ya vino a mirar el otro día, que no estaba, etc. El bibliotecario encuentra enseguida el documento, pero ve que el usuario no se lo va a poder llevar; está prestado.
- Me sabe mal, caballero, pero tal como ya le dijeron, sigue en préstamo. ¿No quiere reservarlo? Así, cuando lo devuelvan...
- No, no, es igual, muchas gracias.
El usuario se da la vuelta y se dirige a uno de los catálogos públicos. El bibliotecario, que le ha visto la cara, se da cuenta que no se ha quedado muy convencido, pero piensa para sí que, si está buscando el mismo libro otra vez, no le va a gustar lo que va a ver. Sólo está en una biblioteca de la ciudad, ésa, y está prestado, y aparece en 4 ó 5 más de la provincia. Se puede solicitar, pero es uno de los pocos servicios sujetos a un coste, que no todo el mundo desea pagar, y tarda el doble de tiempo en llegar.
Efectivamente, el usuario, después de consultar rápidamente el catálogo, vuelve al mostrador a paso ligero.
- ¡¡Oyeeee!! ¡¡Que el libro este aparece en otras bibliotecas!! ¿¡No será el mismo libro que os lo vais pasando unas a otras, noooo!?
- Me sabe mal, caballero, pero tal como ya le dijeron, sigue en préstamo. ¿No quiere reservarlo? Así, cuando lo devuelvan...
- No, no, es igual, muchas gracias.
El usuario se da la vuelta y se dirige a uno de los catálogos públicos. El bibliotecario, que le ha visto la cara, se da cuenta que no se ha quedado muy convencido, pero piensa para sí que, si está buscando el mismo libro otra vez, no le va a gustar lo que va a ver. Sólo está en una biblioteca de la ciudad, ésa, y está prestado, y aparece en 4 ó 5 más de la provincia. Se puede solicitar, pero es uno de los pocos servicios sujetos a un coste, que no todo el mundo desea pagar, y tarda el doble de tiempo en llegar.
Efectivamente, el usuario, después de consultar rápidamente el catálogo, vuelve al mostrador a paso ligero.
- ¡¡Oyeeee!! ¡¡Que el libro este aparece en otras bibliotecas!! ¿¡No será el mismo libro que os lo vais pasando unas a otras, noooo!?
jueves, 30 de abril de 2015
Punto de encuentro
"Quedamos en la biblio" es una de las muchas maneras de citarse con alguien, especialmente en época de exámenes. La frase siguiente bien podría ser algo así como "Vale, el primero que llegue que coja sitio", por ejemplo. Seguro que mucha gente de la que viene, antes ha quedado así.
Pero una cosa es que la biblioteca sea un magnífico punto de reunión y otra que esté regulado dónde quedar. Lo digo porque hace pocos días un usuario se me acercó y me preguntó lo siguiente:
- Hola, es que he quedado aquí en la biblioteca. ¿Sabes dónde se suele encontrar la gente?
Lo propondré en la próxima reunión: un "punto de encuentro" bien grande pintado en el suelo...
PS: En las bibliotecas que aún tienen bar en el edificio no suele haber muchas dudas sobre el lugar de reunión...
Pero una cosa es que la biblioteca sea un magnífico punto de reunión y otra que esté regulado dónde quedar. Lo digo porque hace pocos días un usuario se me acercó y me preguntó lo siguiente:
- Hola, es que he quedado aquí en la biblioteca. ¿Sabes dónde se suele encontrar la gente?
Lo propondré en la próxima reunión: un "punto de encuentro" bien grande pintado en el suelo...
PS: En las bibliotecas que aún tienen bar en el edificio no suele haber muchas dudas sobre el lugar de reunión...
martes, 10 de marzo de 2015
Prohibido consumir productos...
... no adquiridos en este local.
Este tipo de advertencias abundan en locales de ocio a los que va asociado cierto consumo de comida y bebida, como los cines o, como no, en los propios restaurantes.
Donde ya no sería tan normal una advertencia de este tipo es en una biblioteca pública, especialmente porque no sería algo cierto. Usted puede entrar con sus apuntes, libros, revistas, etc., y consultarlos en la biblioteca a su propio placer y criterio. Es relativamente habitual que alguien que entra con un libro propio te pregunte si hay algún problema y si te lo tiene que enseñar al entrar y al salir, eso cuando no te preguntan lo mismo respecto a la compra del súper que acaban de hacer, pero eso ya es rutina.
Lo que no es tan normal es que entre una señora mayor, te enseñe una novela de bolsillo recién comprada y te pregunte si la puede leer aquí, y que si tiene que pagar algo por hacerlo.
¡Bastante estamos pagando ya!
Este tipo de advertencias abundan en locales de ocio a los que va asociado cierto consumo de comida y bebida, como los cines o, como no, en los propios restaurantes.
Donde ya no sería tan normal una advertencia de este tipo es en una biblioteca pública, especialmente porque no sería algo cierto. Usted puede entrar con sus apuntes, libros, revistas, etc., y consultarlos en la biblioteca a su propio placer y criterio. Es relativamente habitual que alguien que entra con un libro propio te pregunte si hay algún problema y si te lo tiene que enseñar al entrar y al salir, eso cuando no te preguntan lo mismo respecto a la compra del súper que acaban de hacer, pero eso ya es rutina.
Lo que no es tan normal es que entre una señora mayor, te enseñe una novela de bolsillo recién comprada y te pregunte si la puede leer aquí, y que si tiene que pagar algo por hacerlo.
¡Bastante estamos pagando ya!
viernes, 30 de enero de 2015
¡Excusas y más excusas!
En un nuevo capítulo de la eterna lucha de la biblioteca pública contra el mal uso de los móviles, tenía ganas de hablar del capítulo de las excusas de los usuarios para su "mal comportamiento". Ya he hablado antes de ellas, las hay muy variadas, y aunque sea pasando muy por encima, y habiendo muchas más, servidor distinguiría tres categorías principales:
- La llamada ineludible: entre el 2012 y el 2014, era muy habitual que, cuando le recriminabas a un usuario que hablaba por teléfono a voz de grito en la sala, éste te dijera que era una llamada "por un trabajo". Las bibliotecas estaban llenas de usuarios pegados como lapas a las páginas web de empleo, y con el móvil en la mano. Curiosamente, esta categoría ha manifestado un notable descenso últimamente. Igual va a ser verdad que el empleo se recupera. Otros casos son los de "es que estoy de obras en casa", "tengo un familiar enfermo" o el muy genérico y poco creíble "era una llamada importante" (¡échele más imaginación, coñe!).
- La ignorancia supina. El que te contesta "No lo sabía" cuando le dices que no puede hablar por el móvil. Al margen del sentido común (en una sala silenciosa sólo se le oye hablar a usted, a voz de grito), están los carteles en todas las plantas.
- La reina de la casa. La respuesta que motivó esta entrada del blog. Un usuario está hablando a todo volumen plantado en medio de la sala. Cuando me acerco a pegarle la bronca, me mira con cara de no entender lo que le estoy diciendo. "¿Por qué el idiota este que estaba detrás del mostrador me está dando la brasa?", parece pensar, si es que ello es posible. Cuando consigo que comprenda que debe colgar, lo hace. Baja lentamente la mano, me sigue mirando fijamente, y por fin logra articular: "Ej que man llamao..."
- La llamada ineludible: entre el 2012 y el 2014, era muy habitual que, cuando le recriminabas a un usuario que hablaba por teléfono a voz de grito en la sala, éste te dijera que era una llamada "por un trabajo". Las bibliotecas estaban llenas de usuarios pegados como lapas a las páginas web de empleo, y con el móvil en la mano. Curiosamente, esta categoría ha manifestado un notable descenso últimamente. Igual va a ser verdad que el empleo se recupera. Otros casos son los de "es que estoy de obras en casa", "tengo un familiar enfermo" o el muy genérico y poco creíble "era una llamada importante" (¡échele más imaginación, coñe!).
- La ignorancia supina. El que te contesta "No lo sabía" cuando le dices que no puede hablar por el móvil. Al margen del sentido común (en una sala silenciosa sólo se le oye hablar a usted, a voz de grito), están los carteles en todas las plantas.
- La reina de la casa. La respuesta que motivó esta entrada del blog. Un usuario está hablando a todo volumen plantado en medio de la sala. Cuando me acerco a pegarle la bronca, me mira con cara de no entender lo que le estoy diciendo. "¿Por qué el idiota este que estaba detrás del mostrador me está dando la brasa?", parece pensar, si es que ello es posible. Cuando consigo que comprenda que debe colgar, lo hace. Baja lentamente la mano, me sigue mirando fijamente, y por fin logra articular: "Ej que man llamao..."
domingo, 30 de noviembre de 2014
Añadidos
Encontrar un libro subrayado mediante lápiz en una biblioteca pública es relativamente fácil. Muchos libros técnicos y de idiomas tienen los ejercicios resueltos. Se puede arreglar, pero no como para que no se note, y es un trabajo sucio. Subrayar con rotuladores luminiscentes o con bolígrafo es más llamativo, pero algo menos común.
Lo que sí que no es nada habitual, por suerte, es modificar la cubierta. Por suerte, en este caso el añadido va por encima del forro.
Pues nada, ya no es necesario leer el libro. ¡Ya tienen la respuesta!
Lo que sí que no es nada habitual, por suerte, es modificar la cubierta. Por suerte, en este caso el añadido va por encima del forro.
Pues nada, ya no es necesario leer el libro. ¡Ya tienen la respuesta!
jueves, 2 de octubre de 2014
¡Secretaria!
Mañana tranquila en el mostrador de préstamo, donde habitualmente se halla la centralita telefónica. Entra una llamada y la compañera de la sección descuelga el aparato.
- Biblioteca, ¿dígame?
- A vé, nena, que yo tengo apuntao en la agenda de vení a la biblioteca hoy. Anda, mírame a vé pa qué era, hombre...
- Biblioteca, ¿dígame?
- A vé, nena, que yo tengo apuntao en la agenda de vení a la biblioteca hoy. Anda, mírame a vé pa qué era, hombre...
miércoles, 16 de julio de 2014
No se asuste
En el magnífico programa La Segona hora, de RAC1, uno de sus locutores, Xavi Pérez Esquerdo, realiza "trabajos de campo" (entre otras muchas cosas), en los que llama a domicilios particulares de España para preguntar sobre algún asunto de actualidad de su zona. Cuando llama fuera de Cataluña, habitualmente incia la conversación telefónica con la frase "No se asuste, soy catalán", que no suele dejar indiferente. Las reacciones van desde lo visceral (corte radical de la llamada, insultos varios), hasta lo simpático, en lo que no deja de ser una fina ironía disfrazada de disculpa de media sonrisa.
Este tipo de humor autodestructivo es muy típico del catalán medio. Eugenio fue el gran expositor de este tipo de pullas en el propio terreno, con sus chistes de catalanes como el de la tirita o el del cine sonoro, que donde primero provocan risa en en Catalunya. Lo malo es recibir una disculpa de este tipo "en serio", que es lo que me sucedió el otro día.
Un señor mayor (muy mayor), se acercó con paso lento y algo tembloroso al mostrador en el que me hallaba. Al llegar, me soltó una perla que dudo que olvide nunca:
- No se asuste, soy andaluz, ¿sabe usted? Llevo 40 años viviendo aquí, ¿eh? y... bueno... me gustaría ver libros sobre flamenco, si no le sabe mal.
Este tipo de humor autodestructivo es muy típico del catalán medio. Eugenio fue el gran expositor de este tipo de pullas en el propio terreno, con sus chistes de catalanes como el de la tirita o el del cine sonoro, que donde primero provocan risa en en Catalunya. Lo malo es recibir una disculpa de este tipo "en serio", que es lo que me sucedió el otro día.
Un señor mayor (muy mayor), se acercó con paso lento y algo tembloroso al mostrador en el que me hallaba. Al llegar, me soltó una perla que dudo que olvide nunca:
- No se asuste, soy andaluz, ¿sabe usted? Llevo 40 años viviendo aquí, ¿eh? y... bueno... me gustaría ver libros sobre flamenco, si no le sabe mal.
lunes, 30 de junio de 2014
Pluriempleo
Me pasan una magnífica anécdota desde una biblioteca en la que estuve hace poco:
Una compañera está en su habitual turno en el mostrador de préstamo. En ese momento no está atendiendo a nadie, así que ve claramente cómo entra un joven muy agitado.
- ¿Aquí me podéis hacer el carnet de conducir? - le pregunta. - Es que ya lo he suspendido tres veces y estoy desesperado. Y he pensado que, como aquí hacéis carnets de biblioteca, me haríais el favor de hacerme el de conducir, que si no no me lo sacaré nunca.
Reconozco que hubiera dado oro por ver la cara de la compañera. Esta es de las que agradeces que no te pasen a ti, porque no me podría aguantar la risa durante días enteros.
Lo malo es que a ver si la idea va a cuajar y acabamos expediendo también certificados médicos...
Una compañera está en su habitual turno en el mostrador de préstamo. En ese momento no está atendiendo a nadie, así que ve claramente cómo entra un joven muy agitado.
- ¿Aquí me podéis hacer el carnet de conducir? - le pregunta. - Es que ya lo he suspendido tres veces y estoy desesperado. Y he pensado que, como aquí hacéis carnets de biblioteca, me haríais el favor de hacerme el de conducir, que si no no me lo sacaré nunca.
Reconozco que hubiera dado oro por ver la cara de la compañera. Esta es de las que agradeces que no te pasen a ti, porque no me podría aguantar la risa durante días enteros.
Lo malo es que a ver si la idea va a cuajar y acabamos expediendo también certificados médicos...
lunes, 31 de marzo de 2014
¡APAGÓN!
Un apagón siempre es algo extremadamente molesto en la sociedad del siglo XXI. Usamos electricidad para todo, y si alguna vez han visto a alguien buscar un enchufe desesperado con un cargador en la mano porque la energía de su móvil se agota, imaginen decirle que no funciona ningún enchufe en muchos metros a la redonda. Por cierto, creo que prefiero una horda de zombis a una de usuarios buscando enchufes. Los primeros son menos agresivos.
Ya les conté una vez algunas de las cosas que suceden cuando hay un corte de energía en la biblioteca, pero como no, los usuarios siempre me siguen sorprendiendo.
Hace unos días, sufrimos un apagón. Fue breve, por suerte, apenas 10 minutos sin luz, pero tuve ocasión de vivir dos experiencias ligeramente surrealistas. A saber:
1) Inquietud extrema o ignorancia supina. Tras comprobar que no había nadie atrapado en el ascensor, me dediqué a subir y bajar escaleras, porque en la biblioteca donde estaba son muy oscuras, y me temía que alguien acabara rodando hacia abajo y rompiéndose varias piezas. No fue el caso, pero en cada planta me asaltaban algunos usuarios gritando "¿¡Qué pasa?! ¿¡¡Qué pasa!!?" Pues qué va a pasar: un apagón. No nos estaba bombardeando nadie, que yo sepa.
2) Vicio. Un usuario me pregunta si puede usar un ordenador. Cuando me recupero del asombro, consigo farfullar que "estamos sin electricidad, ¿no se ve?", a lo que me responde: "¿Y esos?", señalándome los portátiles que ocupaban toda una pared con sus respectivos dueños al teclado. "¿Ha oído hablar de las baterías? ¡Existen!".
Como han visto si han leído las entradas anteriores que les he enlazado, lo del ordenador no ha cambiado nada...
Ya les conté una vez algunas de las cosas que suceden cuando hay un corte de energía en la biblioteca, pero como no, los usuarios siempre me siguen sorprendiendo.
Hace unos días, sufrimos un apagón. Fue breve, por suerte, apenas 10 minutos sin luz, pero tuve ocasión de vivir dos experiencias ligeramente surrealistas. A saber:
1) Inquietud extrema o ignorancia supina. Tras comprobar que no había nadie atrapado en el ascensor, me dediqué a subir y bajar escaleras, porque en la biblioteca donde estaba son muy oscuras, y me temía que alguien acabara rodando hacia abajo y rompiéndose varias piezas. No fue el caso, pero en cada planta me asaltaban algunos usuarios gritando "¿¡Qué pasa?! ¿¡¡Qué pasa!!?" Pues qué va a pasar: un apagón. No nos estaba bombardeando nadie, que yo sepa.
2) Vicio. Un usuario me pregunta si puede usar un ordenador. Cuando me recupero del asombro, consigo farfullar que "estamos sin electricidad, ¿no se ve?", a lo que me responde: "¿Y esos?", señalándome los portátiles que ocupaban toda una pared con sus respectivos dueños al teclado. "¿Ha oído hablar de las baterías? ¡Existen!".
Como han visto si han leído las entradas anteriores que les he enlazado, lo del ordenador no ha cambiado nada...
lunes, 30 de septiembre de 2013
Interés concreto
En las bibliotecas públicas, como desde hace mucho ofrecemos acceso gratuito a Internet, atendemos muchas demandas relacionadas con la navegación. Suelen ser cosas sencillas y fáciles de explicar, del tipo, como accedo a la página del INEM o del banco, o por qué me sale tal mensaje en la pantalla. Lo malo es que a veces las preguntas se complican, y requieren tiempo y conocimientos especializados.
Por ello, desde hace también unos años, la mayoría de las bibliotecas disponen, un par de días a la semana, de personal con altos conocimientos de Internet e Informática. Este tipo de personal nos suele ser de gran ayuda, ya que pueden dedicar tiempo a un único usuario si hace falta, y conocen bien las dudas que se presentan. Lo habitual es que la gente te pregunte cuándo viene "el informático" y reserve para entonces, porque tiene una duda concreta.
Los usuarios suelen preguntar si el informático sabe de Photoshop, si sabrá mirarle lo de sus papeles, o si le podrá enseñar a grabar un CD, cosas habituales y lógicas.
Lo que no es tan normal es que una señora ya anciana, con paso trémulo y sonrisa en la cara, se acerque al mostrador y pregunte:
- ¿El viernes viene el chico de la informática?
- Sí señora. Y el miércoles.
- Ah. ¿Y es joooveeeennnn?
Ahí, las ideas claritas.
Por ello, desde hace también unos años, la mayoría de las bibliotecas disponen, un par de días a la semana, de personal con altos conocimientos de Internet e Informática. Este tipo de personal nos suele ser de gran ayuda, ya que pueden dedicar tiempo a un único usuario si hace falta, y conocen bien las dudas que se presentan. Lo habitual es que la gente te pregunte cuándo viene "el informático" y reserve para entonces, porque tiene una duda concreta.
Los usuarios suelen preguntar si el informático sabe de Photoshop, si sabrá mirarle lo de sus papeles, o si le podrá enseñar a grabar un CD, cosas habituales y lógicas.
Lo que no es tan normal es que una señora ya anciana, con paso trémulo y sonrisa en la cara, se acerque al mostrador y pregunte:
- ¿El viernes viene el chico de la informática?
- Sí señora. Y el miércoles.
- Ah. ¿Y es joooveeeennnn?
Ahí, las ideas claritas.
domingo, 4 de agosto de 2013
Ignorancia
Cuando una
biblioteca pública de Barcelona cierra a las 20:30 de la tarde, a las 20:15
comienza a sonar música por los altavoces. Ya lo he contado en alguna ocasión,
y es nuestra señal habitual de “vayan recogiendo”. A la vez, nosotros vamos también
acabando temas, cerrando ordenadores, apagando luces, etc., y, sobre todo,
comprobando que no quede nadie en la sala, en los baños, etc. Lo último que uno
se espera si está en la planta más alta es que, con todo el proceso, y el
tiempo de llegar a la planta baja, ver como aún queda gente en el mostrador de
préstamo que, literalmente, no le deja cerrar el ordenador a la compañera.
-
Y
ahora me miras este carnet.
-
Perdone,
es que...
-
Y me
renuevas todo esto. Y de este carnet también. Y de éste.
Hasta que,
estando todos, pero todos, todos, en el mostrador de préstamo esperando para
poder acabar la jornada, inevitablemente alguna salta.
-
Perdone,
pero es que ya hemos cerrado.
-
¿Ah
sí?
-
Sí, a
y media.
-
¡¡Bueno,
bueno, no hacía falta ponerse así!! ¿¡Cómo podíamos saberlo!?
Pues es curioso,
pero hay un horario en la puerta, está sonando música a todo trapo, también hay
horarios encima de la mesa (además de los que hay en Internet, que se pueden
mirar antes de venir), hay un flujo de gente que sale por la puerta y nadie
entra... en fin, pequeñas pistas.
Pero claro, no
sólo hay que saber: hay que querer saber, que es lo difícil.
miércoles, 12 de junio de 2013
Preferencias
La mañana transcurre relativamente tranquila, sin prisa pero sin pausa. No hay demasiados usuarios, pero el goteo no cesa. De repente, suena el teléfono; la extensión revela que se trata de la compañera del piso de abajo.
- Te llamo para que te vayas preparando. Ahora subirá un usuario que no veas cómo habla. Media hora, me ha tenido aquí. Me ha preguntado tantas cosas que ya no sabía donde meterme. Y como le falta saber todo de la planta de arriba, va para allá.
El bibliotecario cuelga y se prepara mentalmente. La compañera de la llamada no es una novata pusilánime. Lleva años y ha visto de todo. Para que diga que un usuario pregunta mucho y habla por los codos, el nivel debe estar realmente alto.
Efectivamente, al poco se abre la puerta del ascensor y sale del mismo un señor de mediana edad, que se dirige sonriente al bibliotecario.
- Disculpa, ¿éste libro?
- En esa estantería.
- ¡Gracias!
El bibliotecario piensa inmediatamente que no es el usuario que le han dicho. Estará a punto de llegar, pero desde luego no debe ser éste. Una sola pregunta, muy cortés, pero sin comentarios, sin problemas, sin añadidos... algo sucede.
El bibliotecario espera dos, tres, cuatro minutos... Nadie más se acerca al mostrador. Descuelga el teléfono y marca la extensión de la planta inferior a la suya.
- Hola, ¿el usuario ha subido ya?
- Sí, por el ascensor.
- Pues si es el que ha subido, a mí apenas me ha dicho nada.
- ¿Quée? ¡Pero si no había quien le parara!
- Ya... pues va a ser que tiene muy claras sus preferencias.
- ¿Cómo? ¿Perdón?
- Eso, que tiene muy claro lo que le gusta.
- No lo pillo...
- ¿No?
- ¡No!
- A ver, ¿ha estado más de media hora muy cerca de ti, mirándote a los ojos sin parar, sonriendo, hablando, siendo amable...?
- Sí, todo eso y más
- Vale. Pues tiene muy claras sus preferencias.
- ...
- ...
- ¡¡Argh!!
- ¡¡Eso!!
- Te llamo para que te vayas preparando. Ahora subirá un usuario que no veas cómo habla. Media hora, me ha tenido aquí. Me ha preguntado tantas cosas que ya no sabía donde meterme. Y como le falta saber todo de la planta de arriba, va para allá.
El bibliotecario cuelga y se prepara mentalmente. La compañera de la llamada no es una novata pusilánime. Lleva años y ha visto de todo. Para que diga que un usuario pregunta mucho y habla por los codos, el nivel debe estar realmente alto.
Efectivamente, al poco se abre la puerta del ascensor y sale del mismo un señor de mediana edad, que se dirige sonriente al bibliotecario.
- Disculpa, ¿éste libro?
- En esa estantería.
- ¡Gracias!
El bibliotecario piensa inmediatamente que no es el usuario que le han dicho. Estará a punto de llegar, pero desde luego no debe ser éste. Una sola pregunta, muy cortés, pero sin comentarios, sin problemas, sin añadidos... algo sucede.
El bibliotecario espera dos, tres, cuatro minutos... Nadie más se acerca al mostrador. Descuelga el teléfono y marca la extensión de la planta inferior a la suya.
- Hola, ¿el usuario ha subido ya?
- Sí, por el ascensor.
- Pues si es el que ha subido, a mí apenas me ha dicho nada.
- ¿Quée? ¡Pero si no había quien le parara!
- Ya... pues va a ser que tiene muy claras sus preferencias.
- ¿Cómo? ¿Perdón?
- Eso, que tiene muy claro lo que le gusta.
- No lo pillo...
- ¿No?
- ¡No!
- A ver, ¿ha estado más de media hora muy cerca de ti, mirándote a los ojos sin parar, sonriendo, hablando, siendo amable...?
- Sí, todo eso y más
- Vale. Pues tiene muy claras sus preferencias.
- ...
- ...
- ¡¡Argh!!
- ¡¡Eso!!
viernes, 3 de mayo de 2013
Snif, snif
Ya he
hablado en más de una ocasión de los puntos de libro, es decir, objetos que van
entre las páginas del ejemplar para marcar el punto donde abandonamos su
lectura. Pero creo que no había tocado una categoría que debe ser su prima
hermana: objetos entre libros. Una categoría que, a juzgar por lo que le ha
sucedido a una compañera hace nada, parece un mundo lleno de sorpresas
interesantes.
La
compañera que me contaba esto pertenece a una biblioteca de barcelona muy
céntrica, un lugar de paso para gente de toda condición, para bien y para mal.
Como cada día, ella estaba colocando libros en su sitio, y mientras ordenaba
una estantería, de entre dos tomos cayó un paquete fino de papel de aluminio.
Al recogerlo, la compañera se percató que soltaba un poco de un polvillo blanco
bastante sospechoso. Enseguida lo llevó a su mostrador, para enseñárselo a su
compañera. Ésta, ni corta ni perezosa, abrió más el paquete, con lo que una
buena cantidad del dicho polvillo acabó en sus pantalones, los cuales sacudió
vigorosamente para quitárselo, con pobres resultados, pero generando un picor
extraño en la nariz de ambas chicas. Parecía claro que había que llamar a los
profesionales.
Los
agentes de la Guardia Urbana que se personaron en la biblioteca trajeron
reactivos que dieron un hermoso positivo azul. Efectivamente, un paquetito de
cocaína que alguien, viéndose atrapado en la última redada en el barrio, había
tratado de esconder apresuradamente. Más original que tirarla por el retrete sí
és...
viernes, 5 de abril de 2013
Devolución por caducidad
¿Se han preguntado
alguna vez cuándo caducan los buenos deseos de Año Nuevo? Sí, esos que, de tan
clásicos, ya son de chiste (lean El Jueves, por si lo dudan): apuntarse al
gimnasio, dejar de fumar, aprender inglés...
Pues precisamente el
de aprender inglés tiene fecha de caducidad demostrable: primer día después de
las vacaciones de Semana Santa.
Les cuento: las
bibliotecas públicas de Barcelona cierran siempre los cuatro días que van del
Viernes santo al Lunes de Pascua, tengan el horario que tengan. Este año,
además, han cerrado toda la semana (los 8 días), la mitad de las bibliotecas de
la ciudad, pero hayamos descansado los 4 días habituales, los 8, o los que sea,
cada año sucede lo mismo: el martes del regreso es un día fortísimo, de los de
más trabajo del año. La mayor parte del trabajo la generan los documentos que
nos devuelven: toneladas. Y ya que nos vienen a devolver cosas, ¿por qué no
llevarse otras? Total: colas largas en todos los mostradores y carros llenos de
libros a rebosar.
Libros que hay que
guardar en su lugar correspondiente en la estantería. Y de ahí mi reflexión
sobre la fecha de caducidad del aprendizaje del inglés. Hace ya muchas semanas
que, cuando me preguntan por métodos de inglés básico, algo muy habitual, me
veo obligado a responder que no nos queda nada. El aumento del paro también se
nota aquí: el tiempo libre y la necesidad de mejorar el currículum nos lleva a
intentar muchas cosas, incluyendo el tratar de aprender inglés con métodos
multimedia de esos de libro más CD, que requieren una buena dosis de
constancia. Bien, pues si la estantería de los métodos de inglés estaba que
daba penica de lo vacía que se veía, después del martes está repleta otra vez:
todo el mundo devolvió los métodos y libros de inglés que tenía prestados. Háganlo
extensible también a los métodos de alemán (que cada vez salen más), y ya saben
cuándo se acaba el fuelle de los buenos deseos.
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